A Internet, como a la vida, se le puede sacar mucho partido, siempre que se sea consciente de lo que se tiene entre manos.  Y, como la vida, te depara agradables sorpresas, como la de descubrir, entre un exceso de información tantas veces farragosa e incierta, a un hombre de verdad, un manchego de pro que a sus 74 años nos brinda su experiencia y su amistad en un blog lleno de atinadas palabras y la sabiduría de quien ha vivido fiel a sus convicciones y sin hacer daño a nadie. Descubrirlo y sintonizar con su pensamiento, su honradez y sufrimiento acumulado a lo largo de una vida de duro trabajo, que le ha deparado momentos de felicidad al lado del amor de su vida, fue todo uno: un flechazo de amistad.

Ahora, Juan López Trujillo, el admirable Jota, ha plasmado su experiencia vital, sus pensamientos y su amor en un libro de poemas: "Por un hombre en paz" -título extraído de Blas de Otero: "Te doy mis versos por un hombre en paz"-  dedicado a sus nietas con el deseo, ¡qué gran regalo!, de permanecer en su recuerdo.

"Escribo tratando de entender al hombre, para iluminar presagios, para alegrar las derrotas y ponerle sonrisa a las victorias", confiesa en la solapa del libro este poeta que, con la sencilla grandeza de quien sabe que ha vivido como deben vivir los hombres, en paz y honestamente, nos ofrece en verso libre y en sentidos sonetos el acerbo de toda una vida rescatado de viejos borradores y poemas escritos en la tranquilidad de la merecida jubilación.

Leer a J. Trujillo es reconocerse en cada poema, en cada verso, en cada palabra, es sentir que el tiempo se acaba, es hacer balance sin números rojos y sabernos merecedores de permanecer en el  recuerdo de quienes amamos y de quienes supieron de nuestro paso por este valle de lágrimas.

Yo, que a veces sucumbo a la tentación de escribir poemas, doy todos mis versos por este hombre llamado Juan.  

Leed, amigos, "Por un hombre en paz", no os defraudará.

 

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CUANDO INEVITABLEMENTE

 

Cuando inevitablemente

van cayendo los años

como hojas oxidadas del otoño.

Cuando nada nos compensa

de todo aquello que perdimos.

Cuando ya no nos consuelan

Ni plegarias ni aleluyas.

Cuando ni siquiera son distintas

las noches de los sábados

y pierden consistencia

casi todas las teorías.

Cuando me pesan tanto los olvidos,

no quiero enfermar de monosílabos,

ni dejar que se desoville

el hilo plateado de los sueños.

Quiero ver en el espejo

unos ojos con brillante luz de fuego

dando color y ansias a las pupilas.

Ahora sólo quiero que mis palabras

-luz y caricias contenidas-,

como gotas de lluvia inunden los barbechos,

germinando esperanzados brotes

que sepan sobrevivir a la tristeza.

 

Juan L. Trujillo

 

 

FRASES HECHAS

 

Habrá que cantarles las cuarenta

a los que dicen Diego o dicen digo,

a los tristes mirones de su ombligo,

a los que les da igual ocho que ochenta.

 

¿Por qué no ha de mandar el marinero

si  el patrón tiene boca y se equivoca?,

¿por qué si el pez se muere por la boca,

no muere por el ansia el usurero?

 

Estoy harto de poner la otra mejilla

y acabar pareciéndome a una estera

sacudida por sabios y listillos.

 

Me quedo sin la silla y sin Sevilla,

mientras Dios escribe a su manera

y el césar va llenando sus bolsillos. 

 

Juan L. Trujillo