¿De dónde viene, cólera, furor arrebatado,

tempestad envolvente sin flores y sin frutos,

informe masa gris, rostro deshilachado?

Mirad entre sus piernas los negros atributos

 

de una maldad sin límites, liberta y peregrina.

Sus piernas son columnas que sustentan al mundo

y al mundo bambolean como una bambalina.

Mirad a nuestra altura su rostro tan inmundo,

 

bañándonos su sangre, su sudor y su llanto.

¡Mirad! Pero no vemos, cegados por la ira,

el miedo y la impotencia. Somos manos sin canto,

ososo combustible para la eterna pira.

 

Escuchad su lamento porfiado, su grito

horadante y profundo, su aliento infernal...

Pero no huyáis: su origen es el nuestro, su rito

nuestro rito primero, tormentoso, abismal.

 

El origen del hombre es el de la tormenta,

su historia testimonio de actos infrahumanos,

negro temblor de truenos su espíritu violenta,

acerado brillar de rayos toledanos

refulge en su pasado y sus pasos orienta

a sus propias entrañas donde enterrar las manos.