De los ojos de un niño despegan los aviones.

Si cerrase los ojos caerían.

Sólo su asombro los mantiene en vilo,

su manita los alza,

su corazón los mueve y los aleja.

Sin un niño pegado a los cristales,

a las altas barandas de una terraza adulta,

morirían de horror los aeropuertos.

Un niño nunca podría decir la palabra "aeronáutica"

pero de él dependerá la imitación del pájaro.

Un niño no sabrá calcular las distancias

pero es la garantía del retorno.

Cada aeropuerto debe tener un niño pegado a los cristales,

junto a los altavoces, donde quiera que el miedo

se agazape.

Gracias a él tardará menos lágrimas el regreso de todos,

dolerá menos besos el adiós de las madres,

las azafatas podrán prescindir de advertencias insulsas.

 

Un avión en el aire

son muchos niños mirando al horizonte.

 

 Alexis Díaz-Pimienta.

 

 

Se acerca la noche de la ilusión y vienen bien aquí estos versos donde se hace patente el inmenso poder de la mirada de un niño, escritos por el genial repentista y escritor cubano que es Alexis Díaz-Pimienta