Éramos pobres aún,
pero la Navidad tenía
aquel duro sabor de las almendras,
aquella magia nívea de la harina
sobre el belén de cartón y el musgo fresco
y aquel dulce calor de la familia.
Éramos pobres aún.
Y los años pendían en racimos de las doce
madurando las cosechas del futuro,
en el fulgor dorado de las uvas
un mundo apenas entrevisto
latía bajo el frío ya de enero.
Éramos pobres aún.
Aún los Reyes en la triste ventana de la vida
donde volaban ángeles y estrellas,
campanas y una tímida sonrisa,
dejaban escarchados los zapatos
para jugar, de nuevo, sin juguetes.
Éramos pobres aún aquellas navidades.
Vendrían luego otras más pudientes,
opulentas si quieres, pues tiramos
tantas cosas y casas por ventanas
que seguimos siendo pobres,
terrible, opulentamente pobres.


Esa es la forma de hablar de la navidad. Con la dulzura caliente de la poesía y con el desprendimiento del que sabe lo que fuimos y lo que les sigue faltando a muchos otros.
Mientras en el mundo siga habiendo esa distancia marcada por el hambre, entre unos y otros, TODOS seguiremos siendo pobres.
Un abrazo y felicidad.