Mayo va ya de bajada, el Barça, tras la alegría de la Liga, ha perdido al igual que Rafa Nadal (también es humano este muchacho), con el buen tiempo apetece pasear por el mercado medieval que este fin de semana le ha tocado montar a Sabadell y La Vanguardia vuelve a poner en marcha el concurso de e-poemas en el que acabo de participar tras leer los escritos de mis buenos amigos de La Coctelera. Y ahora a publicar, antes de que le crezcan telarañas a mi espacio, un nuevo poema, dado que mañana la vida con su ajetreo laboral y consiguiente escasez de tiempo libre, vuelve por sus fueros, amaneciendo para que el día avance sin desertores: 

 MADRUGADA

Cuchillos de leche tibia

la noche de café tallan,

tamizada luz endulza

el aire de la mañana.

 Por las cañerías huye

un agua domesticada

y abren los edificios

sus ojos como ventanas.

 Las luces de los vehículos

porfían con las del alba,

los semáforos comienzan

a regular la jornada.

 Pasos sacuden las calles

de vigilias y legañas

entre trotes de relojes

y despertar de persianas.

 Y partículas de polvo

hacia las nubes levantan

el vuelo desangelado

de sus invisibles alas.

 Cenizas de un fuego extinto

van poblando las terrazas

mientras la lluvia se duerme,

una vez más, en los mapas.

 Por el silencio que ha muerto

ya repican las campanas,

los mercados, las palomas,

los loros y las gargantas.

 Sobre la noche vencida

se iluminan las miradas.

Desnuda, como las manos,

se perfila la esperanza.

 El día, sin desertores,

avanza de madrugada.