Desnudos frente al mar sólo es posible

vivir, adentrarse en el cuerpo

tendido a nuestro lado, compañero de espumas,

surcados por la quilla húmeda de los besos

buscar entre las algas agitadas del fondo

una ofrenda de sangre,

asir las tablas rotas, legado de naufragios

antiguos como el hombre o la mujer que somos,

vaciar con las redes pescadoras de sueños

entrañas oceánicas, cordilleras de sombra,

perderse en regiones, abisales parajes

donde palpitan vapores persistentes,

el mito adquiere forma y apareja

el tiempo sus agallas,

renovar en la arena la huella de la noche,

endulzar con saliva los caminos de sal,

y buscar en los ojos del mar enamorado

el verde más profundo donde conjugar la luz.

Amar,  amar tan sólo, sin preguntar siquiera

por qué el amor mantiene a flote,

fuera del mar, la vida.