PRIMAVERA
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante
(Gabriel Celaya)
Ya está la primavera golpeando
con sus manos azules la cancela
del patio florecido. ¿Veis que blando
parece, renovada su acuarela
de grises en magentas y amarillos,
mientras alarga el día su parcela
de luces, este invierno? ¿Veis que brillos,
con la esperanza en flor, luce el almendro?
¿Veis la luna, desnuda entre visillos,
frontera del amor que dulce engendro
con la palabra henchida de mañanas,
y el nuevo día, abeja y rododendro?
¿No sentís al abrir vuestras ventanas
aromarse de brisa el mediodía?
¿No se os tornan las cosas más humanas?
Primavera de fiesta y ambrosía,
el tibio sol colgándonos del cuello,
la epidermis mostrando su anarquía...
Mas si nada se espera y sin resuello
hay que bajar de nuevo hasta la calle
marcando las palabras con el sello
del dolor que nos llega a correcalle,
¿sentís la primavera como grito
y sangre enaltecida, como dalle
que siega la injusticia y el delito
de unos hombres viviendo de otros hombres
mientras rezan, aún, al infinito?
Hay que vivir la vida en los pronombres
pisando margaritas si hace falta
poniéndole al poema aquellos nombres
escritos y temblando en la más alta
geografía del verso y de la lucha.
Desbrozar la palabra y ver qué salta.
Me llegan primaveras donde escucha
el silencio los pasos olvidados
y el dolor ya nos clava su garrucha,
primaveras de gritos acallados,
de Praga, de Paris, de Comuneros,
brotes de libertad pisoteados,
derrotas celebradas en eneros,
saetas en un negro calendario
que tiene ya trazados los senderos,
primaveras que vienen a diario
ocultas en miradas emigrantes,
en ojos donde alientan sin horario
ríos, infancia, amores, habitantes
de un lejano y baldío palomar,
primaveras de muertos colindantes.
Crueldad amorosa, amarga mar
destilarán mis versos esta noche
con palabras cansadas de llorar.
Viene la primavera en un derroche
de aromas y colores, opulencia
que humo será pasada medianoche.
Y ha de tomar mi mano en penitencia
la pena, la injusticia, la alegría,
el dolor y la muerte, la apetencia
de la lumbre y el pan en compañía
y buscar las palabras que lo evocan
sin que el alma me duela al fin del día.
Qué cruel este oficio en que convocan
los vocablos fantasmas en rimeros,
dudando si son fieles o equivocan
el camino curvando los aceros,
oficio de hacer versos, que poeta
lo soy por nacimiento entre aguaceros...
¿Sentís vosotros que mostráis la veta
abierta del asombro en la mirada,
como un alba desnuda, siempre inquieta,
sentís la primavera acariciando
con sus dedos azules la alambrada
que los versos traspasan como bando
de mariposas, balas, luz o nada?



merce-hola dijo
Precioso :-)
8 Marzo 2009 | 11:34 PM