Ahora que se nos acaba el año, como todos los años, la televisión, la radio, la prensa y hasta la red de redes, se dedican a resumir lo bueno y lo malo, las anécdotas, los conflictos, de manera general y hasta objetiva, quiero yo dejar la primera parte de un romance que titulé provisionalmente RECUERDOS, para felicitar el nuevo año a todos los que se pasen por mi humilde rincón.


Sardón de Duero

En el azul tan alto de Castilla

mis ojos marineros navegaron;

como espumas las nubes deshacían

las arenas doradas del ocaso.

De donde nace el viento me llegaban,

bajando, como el viento, de los páramos,

vocablos aventados en las eras,

susurros como lluvia que los álamos

filtraban lentamente hasta las aguas

rotas en tajamares de mis manos,

palabras tan lejanas, tan antiguas

que olvidaron el roce de unos labios…

Las encinas, los chopos, los caminos,

la sangre de los pinos, los lejanos

alcores, las almenas desdentadas

de las tapias de adobe -paja y barro-,

el río, siempre el río, la alameda,

el monte y esas ruinas donde el grano,

tomándolas por troje, soterraba

los ecos y los rezos del pasado,

poblaron mi niñez donde el pan era

eterno compañero del tasajo,

del aceite endulzado y de la nada.

Foto: Estación de Sardón, por donde ya no pasan trenes.

¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!