En las largas tardes de invierno de mi infancia sin televisor y casi sin jugetes, la baraja era un elemento de entretenimiento. Recuerdo a mi padre escenificando historias en que las figuras cobraban vida. ¿Quién, de mi edad, no ha levantado un castillo de naipes o ha tapado simúltaneamente las patas de los cuatro caballos?

En casa jugábamos a la brisca. En la cantina, el mus y el tute subastado competían con el dominó sobre las mesas de mármol y hierro forjado.

En mi juventud aprendí varios juegos de manos con cartas y admiro la habilidad de los prestidigitadores que me dejan boquiabierto aunque conozca el truco.

Mis juegos predilecto son el tute y sus derivados, julepe, subastado..., y el mus, aunque creo que habré de esperar a la jubilación para hechar alguna partida si es que no desaparecen las barajas y la escasa gente que sabe jugar.

Como consuelo siempre me quedarán los solitarios. Y los versos.

Para los que juegan a la lotería, otra suerte de azar, les deseo que mañana les toque algún premio gordo o, al menos, la pedrea. Y a los que no, que el trabajo, que lleva camino de convertirse en una lotería, no les abandone y tengan salud y paz.

¡Suerte y buenas fiestas!

VERDE PASIÓN

sobre el verde tapete reclinado

(Antonio Machado)

Ahora que pintan bastos

entre paja recojo todos los tantos.

Y si pintan espadas

por las briscas peleo baza a baza.

Y cuando pintan copas

me emborracho de as, caballo, sota…

Y si pintaran oros

el tapete comprara para mí solo.

Ahora que la mano del azar determina el triunfo

he de buscar las diez de últimas

y, cante o no cante las cuarenta,

he de dar un órdago a la vida y pedir con siete

aunque doce medias no hubiera en la baraja.

Ahora que mis labios esbozan las señas,

el beso, las palabras, he de envidar,

jugarme todo el resto, subido a una escalera

o a treinta y una muertes abocado,

he de envidar, subastar mi entendimiento

y dar julepe a Dios si fuera mi adversario.