Ojos tiene la casa

abiertos para el día,

para el rayo de sol

como una sutil mano

que al polvo acariciara

todo estrellas diurnas

en el universo íntimo

de las habitaciones.

Ojos tiene la casa

abiertos a la vida,

a la mañana en venta

vociferante y fresca.

...

Tiene la casa oídos,

escuchan las paredes

y graban los cimientos

palabras y susurros,

la cotidiana lluvia

de silencios y frases

que dejamos caer,

con desgaire, al olvido.

Tiene la casa oídos

para escuchar atenta

su propio esparcimiento,

su paz y su silencio.

...

La casa tiene manos

como aves que se posan

entrañables y leves

al tocar la pared,

el aire familiar,

los objetos que guarda

en su interior de madre

con un celo de esposa.

La casa tiene manos

para ordenar las cosas

y dejar siempre abiertos

al tacto sus secretos.

...

La casa puede oler

su propio olor a vida,

a membrillo y a ropa,

a argamasa y adobe,

a cocina y descanso,

a juego, amor y fuego,

oler por los rincones

y en el ámbito terso.

La casa puede oler

el olor que dejamos,

el olor limpio y fresco

del sudor y del beso.

...

Tiene la casa labios

para beber, besar,

saborear la viva

inquietud de sus gentes

en la dulce quietud

de las estancias mudas

que hablan para quienes

desean entenderlas.

Tiene la casa labios

para gustar el néctar

de las abejas fieles

a sus cuatro paredes.

...

Vida tiene la casa

para vivir su cuerpo,

para vivir el ritmo

del cielo, de la calle,

para vivir las vidas

que viven dentro de ella,

llora bajo la lluvia,

ríe sobre la fiesta.

Vida tiene la casa

pues que nosotros somos

la casa y habitamos

nuestros muros humanos.

...

Como una amiga de La Coctelera estrena casa, se me ha ocurrido colgar estos versos que dediqué hace algún tiempo al hogar que nos cobija pese a la crisis y a las hipotecas.