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La Coctelera

Un verso como el pan de cada día

Poesía necesaria

18 Abril 2008

CABELLERA DE TRENES

Acabo de enterarme que estos diez sonetos agrupados bajo el título de "Cabellera de trenes", tomado del poema "Viaje", de Dámaso Alonso, han obtenido una mención especial en el IV Certamen de Poesía "Sant Jordi", 2008, organizado por el Grupo Plomes Poètiques, de Girona, al que se han presentado 745 poemas en la modalidad de Poesía en Castellano.

El próximo día 27, tendrá lugar la entrega de premios.

CABELLERA DE TRENES

Cabellera era de trenes

la tarde

(Dámaso Alonso)

I

Primos del aire, de la tarde primos,

de los pinos y el roble corpulento,

instalados en un verano lento

asombro y juego, como todos, fuimos.

Mirábamos sentados en racimos

pasar los vagos trenes: humo al viento,

carbonilla, sol, cierto desaliento

con que luego a vestirnos aprendimos.

Larga tarde de larga simetría,

temblorosa de azul y primavera

el corazón de Dios adormecía.

Niños de entonces: lenta enredadera

de estacionado tiempo nos cubría

viendo peinar de trenes la ladera.

II

Vinieron y se fueron las edades

en el murmullo oscuro de los trenes.

Relámpago nacido en los andenes

pasaron y quedaron las ciudades.

Horadando en el alma cavidades

gotearon los años sus vaivenes.

Vistiéndose de roca y de desdenes

nos legaron los días realidades.

Con el recuerdo al viento aún miramos

como pasan los campos y la vida,

como apaga la noche sus reclamos.

Y la tarde que fuimos consumida

portamos inseguros en las manos

como un billete gris sólo de ida.

III

Un balasto de penas me sustenta,

absorve vibraciones de mis años

y corta, horizontal, por aledaños

miradores de sol y de tormenta.

Camina pesarosa mi osamenta

vestida con los últimos engaños

por raíles de luna y desengaños

hacia un fanal de sombra descontenta.

Vago vapor en viento detenido

sobrevuela la noche del ayer

entre las nubes negras del olvido.

Olvidar es morir y envejecer

es recordar a veces lo vivido

y el tren aquel que nunca ha de volver.

IV

Capital infantil te rememoro

en asombro de luces y estaciones,

Delicias, Campo Grande, admoniciones

de aquel mundo tan nuevo y tan sonoro.

Capital de la niebla donde un oro

deposita en la piedra admiraciones

y tu Plaza mayor de procesiones

agranda en soportales su decoro.

Capital castellana, fin de viaje

desde el pueblo cercano. Era una fiesta

pasear por tus calles mi bagaje

campesino de polvo y de ginesta

con semblante mudado, nuevo traje

y aquel tren esperando en la floresta.

V

El agua de mi infancia clarioscura

espejea en los charcos sin memoria,

rebosa cangilones de la noria

detenida por siempre en su angostura.

El agua que pasaba en derechura

por el río y los campos transitoria

se ha llevado hasta el mar mi gris historia

dejándome en barbecho y desventura.

Y ya no queda nada de aquel niño

en el hombre que habita estos secanos,

en el mirar de espuma con que ciño

esta isla circundada de veranos.

Aquel agua con sol en claro guiño

es un polvo cansado entre mis manos.

VI

El luto es amarillo cual la pena

de un otoño cruel y del ocaso,

amarilla de andenes y retraso

languidece la vida su azucena.

Amarillo es el sol y su condena,

el veneno en el fondo de aquel vaso

apurada la bilis del fracaso,

amarilla la cera sin colmena.

Amarilla de espera la bandera

que nunca vio cumplida su victoria,

la pálida y temida mensajera,

amarillo es el oro en vanagloria,

el membrillo que aroma la madera

y este punto final de toda historia.

VII

En la tarde pasaban lentos trenes

y nosotros contábamos vagones,

cumpleaños, cigarros, ilusiones,

con el viento ciñéndonos las sienes.

Pasaban lentos trenes en vaivenes

sobre los encogidos corazones

sintiendo trepidantes vibraciones

lejos de la estación y los andenes.

Tornábamos un punto silenciosos

saltando las traviesas de la vida,

caminando raíles tormentosos,

buscado entre la escoria fenecida

oscuros corazones afanosos

por arder en la noche estremecida.

VIII

Cuando todos los trenes se detengan

y deje de llevar besos el viento,

y las aves de un cielo descontento

sobre tanto desdén nos reconvengan,

y ya de tanta prisa nada obtengan

quienes viven de modo truculento,

y quede de la vida un polvoriento

pecio donde los sueños sobrevengan,

podré decir, ya muerto, que estoy vivo,

podré pisar de nuevo los andenes,

beber agua del pozo sensitivo,

desde la sombra azul mirar los trenes,

cabellera del humo genitivo

que me trajo por siempre estos belenes.

IX

Por el talud derraman luz nocturna

mariposas de viento iluminado,

van rompiendo la noche taciturna

como rompe los campos manso arado.

Van buscando la muerte más diurna

en los ojos de un sol cuadriculado

que viene de la noche y se embadurna

de polvo por sentirse más amado.

Amanece en las vías aún con vida,

entran en la ciudad, nuevos, los trenes,

la ciudad que en el campo se convida.

Y amanece la vida sus rehenes,

sus muertos, sus olvidos, su furtiva

mirada por vacíos almacenes.

X

Cambian los tiempos, los hombres, sus obras,

hasta el planeta cambia y el universo.

Echo la vista atrás desde este verso

hecho todo vaivenes y zozobras,

cabellera de trenes, maniobras

en grisácea tarde sin reverso,

concéntrico ondular donde disperso

ilusión como sal, algunas sobras

de lo que fui, de aquello que aún anhelo

ser, le pese al tiempo o a Dios le pese,

un poco de fe, mucho desconsuelo.

Cenizas por cabellos tiene el día,

como cinta las sienes le ciñese

este pasar de trenes y agonía.

servido por Jesús Andrés 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Fernando

Fernando dijo

Habra que verlos y leerlos despacio
pasa buena tarde

18 Abril 2008 | 08:34 PM

anapico

anapico dijo

Esta genial pero para leer despacio y tranquilamente como comenta Fernando y pasar una buena tarde y algunas mas y comentar.

21 Abril 2008 | 08:13 AM

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Sobre mí

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Un verso como el pan de cada día

Sabadell, España
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Soy poeta y vallisoletano. Nací en Sardón de Duero el año en que le concedieron el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Vivo en Sabadell y trabajo en el sector de la construcción. Me moriré un buen día sin haber leído ni escrito lo suficiente. Pero hasta entonces, aquí estoy, haciendo lo que buenamente puedo y sé.
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