CABELLERA DE TRENES

Acabo de enterarme que estos diez sonetos agrupados bajo el título de "Cabellera de trenes", tomado del poema "Viaje", de Dámaso Alonso, han obtenido una mención especial en el IV Certamen de Poesía "Sant Jordi", 2008, organizado por el Grupo Plomes Poètiques, de Girona, al que se han presentado 745 poemas en la modalidad de Poesía en Castellano.
El próximo día 27, tendrá lugar la entrega de premios.
CABELLERA DE TRENES
Cabellera era de trenes
la tarde
(Dámaso Alonso)
I
Primos del aire, de la tarde primos,
de los pinos y el roble corpulento,
instalados en un verano lento
asombro y juego, como todos, fuimos.
Mirábamos sentados en racimos
pasar los vagos trenes: humo al viento,
carbonilla, sol, cierto desaliento
con que luego a vestirnos aprendimos.
Larga tarde de larga simetría,
temblorosa de azul y primavera
el corazón de Dios adormecía.
Niños de entonces: lenta enredadera
de estacionado tiempo nos cubría
viendo peinar de trenes la ladera.
II
Vinieron y se fueron las edades
en el murmullo oscuro de los trenes.
Relámpago nacido en los andenes
pasaron y quedaron las ciudades.
Horadando en el alma cavidades
gotearon los años sus vaivenes.
Vistiéndose de roca y de desdenes
nos legaron los días realidades.
Con el recuerdo al viento aún miramos
como pasan los campos y la vida,
como apaga la noche sus reclamos.
Y la tarde que fuimos consumida
portamos inseguros en las manos
como un billete gris sólo de ida.
III
Un balasto de penas me sustenta,
absorve vibraciones de mis años
y corta, horizontal, por aledaños
miradores de sol y de tormenta.
Camina pesarosa mi osamenta
vestida con los últimos engaños
por raíles de luna y desengaños
hacia un fanal de sombra descontenta.
Vago vapor en viento detenido
sobrevuela la noche del ayer
entre las nubes negras del olvido.
Olvidar es morir y envejecer
es recordar a veces lo vivido
y el tren aquel que nunca ha de volver.
IV
Capital infantil te rememoro
en asombro de luces y estaciones,
Delicias, Campo Grande, admoniciones
de aquel mundo tan nuevo y tan sonoro.
Capital de la niebla donde un oro
deposita en la piedra admiraciones
y tu Plaza mayor de procesiones
agranda en soportales su decoro.
Capital castellana, fin de viaje
desde el pueblo cercano. Era una fiesta
pasear por tus calles mi bagaje
campesino de polvo y de ginesta
con semblante mudado, nuevo traje
y aquel tren esperando en la floresta.
V
El agua de mi infancia clarioscura
espejea en los charcos sin memoria,
rebosa cangilones de la noria
detenida por siempre en su angostura.
El agua que pasaba en derechura
por el río y los campos transitoria
se ha llevado hasta el mar mi gris historia
dejándome en barbecho y desventura.
Y ya no queda nada de aquel niño
en el hombre que habita estos secanos,
en el mirar de espuma con que ciño
esta isla circundada de veranos.
Aquel agua con sol en claro guiño
es un polvo cansado entre mis manos.
VI
El luto es amarillo cual la pena
de un otoño cruel y del ocaso,
amarilla de andenes y retraso
languidece la vida su azucena.
Amarillo es el sol y su condena,
el veneno en el fondo de aquel vaso
apurada la bilis del fracaso,
amarilla la cera sin colmena.
Amarilla de espera la bandera
que nunca vio cumplida su victoria,
la pálida y temida mensajera,
amarillo es el oro en vanagloria,
el membrillo que aroma la madera
y este punto final de toda historia.
VII
En la tarde pasaban lentos trenes
y nosotros contábamos vagones,
cumpleaños, cigarros, ilusiones,
con el viento ciñéndonos las sienes.
Pasaban lentos trenes en vaivenes
sobre los encogidos corazones
sintiendo trepidantes vibraciones
lejos de la estación y los andenes.
Tornábamos un punto silenciosos
saltando las traviesas de la vida,
caminando raíles tormentosos,
buscado entre la escoria fenecida
oscuros corazones afanosos
por arder en la noche estremecida.
VIII
Cuando todos los trenes se detengan
y deje de llevar besos el viento,
y las aves de un cielo descontento
sobre tanto desdén nos reconvengan,
y ya de tanta prisa nada obtengan
quienes viven de modo truculento,
y quede de la vida un polvoriento
pecio donde los sueños sobrevengan,
podré decir, ya muerto, que estoy vivo,
podré pisar de nuevo los andenes,
beber agua del pozo sensitivo,
desde la sombra azul mirar los trenes,
cabellera del humo genitivo
que me trajo por siempre estos belenes.
IX
Por el talud derraman luz nocturna
mariposas de viento iluminado,
van rompiendo la noche taciturna
como rompe los campos manso arado.
Van buscando la muerte más diurna
en los ojos de un sol cuadriculado
que viene de la noche y se embadurna
de polvo por sentirse más amado.
Amanece en las vías aún con vida,
entran en la ciudad, nuevos, los trenes,
la ciudad que en el campo se convida.
Y amanece la vida sus rehenes,
sus muertos, sus olvidos, su furtiva
mirada por vacíos almacenes.
X
Cambian los tiempos, los hombres, sus obras,
hasta el planeta cambia y el universo.
Echo la vista atrás desde este verso
hecho todo vaivenes y zozobras,
cabellera de trenes, maniobras
en grisácea tarde sin reverso,
concéntrico ondular donde disperso
ilusión como sal, algunas sobras
de lo que fui, de aquello que aún anhelo
ser, le pese al tiempo o a Dios le pese,
un poco de fe, mucho desconsuelo.
Cenizas por cabellos tiene el día,
como cinta las sienes le ciñese
este pasar de trenes y agonía.


Fernando dijo
Habra que verlos y leerlos despacio
pasa buena tarde
18 Abril 2008 | 08:34 PM