En el día de Reyes, LAS DESIERTAS ABARCAS, de Miguel Hernández.
En este día de ilusión y juguetes para los niños, y también regalos para los mayores que hemos prolongado ficticiamente nuestra infancia, quiero traer unos versos del oriholano Miguel Hernández,
rememorando su infancia de niño pobre, con la ilusión rota, como sus abarcas campesinas.
Por todos los niños que en su infancia se quedaron sin juguetes y por los que, aún hoy, encuentran sus ilusiones truncadas, o, lo que es peor, carecen ya de ilusión.
LAS DESIERTAS ABARCAS
Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
Y encontraba los días
que derriban la puertas
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
fui pasto del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.
Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.
Miguel Hernández



Fernando dijo
Precioso poema del cabrero
Buen dia
6 Enero 2008 | 01:48 PM