¿Quién no conoce el famoso "Romance sonámbulo" de Federico García Lorca, aquel que comienza "Verde quete quiero verde./ Verde viento. Verdes ramas."? Quizás menos conocido, pero también jugando con el verde, es el "Romance del Júcar", de Gerardo Diego. Ambos me inspiraron, tiempos ha, para escribir el "Romance verde" que he publicado en algún lugar de este blog. Recientemente he descubierto que el poeta costaricense Isaac Felipe Azofeifa (1909-1997) tiene un poema titulado "Trópico verde" en el que se repite el adjetivo y aparecen varios derivados, como en mi romance.

TRÓPICO VERDE
Verde lluvia, vertiente y territorio.
Verde el espacio. La luz verde.
El clima verde. Verdes las colinas.
Las hondonadas y los ríos verdes.
Un lago verde el valle. La montaña
verdeazul, verdemar, verdeprofundo.
Lo cerca y lo lejano en aire verde.
Verde lluvia, vertiente y territorio.
Roto temblor el verde de los plátanos.
Casi líquida lágrima, el verdor
del sauce. El verde
militar del café, el verdor húmedo
de junco, caña y lirio. Verde música
en el órgano -¡oh verde viento!- del bambú.
La plata verde
del eucalipto. El verdor silencioso
de los pastos, las malvas, las legumbres.
Verde lluvia, vertiente y territorio.
De mi sangre saltó una estrella verde.
Y verdín, verdinal y verdolaga,
mayo estira su lluvia hasta diciembre
en el trópico verde.