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La Coctelera

Un verso como el pan de cada día

Poesía necesaria

3 Agosto 2007

FORMACIÓN DE COMBATE. I

A lo largo de los años he participado, con más pena que gloria, en varios concursos de poesía. La mayoría de poemas presentados los he reunido bajo el título de "Formación de combate", con el fin de ponerlos, por entregas como las antiguas novelas, en la página www.yoescribo.com. La primera es una especie de prologo o justificación que creo conveniente colgar en este blog para que mis amigos de La Coctelera me conozcan un poco más.

FORMACIÓN DE COMBATE

EL PORQUÉ DE ESTA FORMACIÓN

Comencé a escribir poemas a los 14 años, cuando un compañero de clase me mostró un cuaderno lleno de composiciones en verso de las que se declaraba autor. A mí, escritor en ciernes sin saberlo, la poesía no me inspiraba mayor interés que el aprender de memoria algún sonoro poema de Rubén Darío y varios Romances con el fin de recitarlos en petit comité y algunos versos de Don Antonio Machado que me llegaban al alma, todos ellos descubiertos en los libros de texto. Lector empedernido de toda la prosa que caía en mis manos, escribía redacciones que el profesor de Lengua y Literatura, presentaba como ejemplo a los demás alumnos, artículos para revistas escolares y bocetos de novelas que harían aparecer mi nombre en futuros libros de estudiantes futuros.

“¿Tú no escribes poemas?”, o algo así debió decirme. Y yo, picado: “Sí. Y mejores que los tuyos.” Y me puse manos a la obra, leyendo la poca poesía que tenía a mi alcance, repasando nociones de métrica y rima y pasando a limpio en un cuaderno los incipientes logros.

Pronto adquirí mis primeros libros de poesía, antologías de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Quevedo, Miguel Hernández, la de Poesía Contemporánea de Gerardo Diego, el “Romancero Gitano”… Y mi primera máquina de escribir, una portátil Olivetti, con que pasar a limpio mis poemas para enviarlos al Diario Regional y verlos publicados, sintiéndome ya poeta. Luego vendría mi consagración al leer, con 18 años, ante un público entendido, una selección de mis trabajos en las Mañanas de la Biblioteca de la vallisoletana Casa de Cervantes, tras ser aprobados por su director Nicomedes Sanz y Ruiz de la Peña. Llegaron las críticas en recortes que aún conservo: “Hay poeta.” Y un universo lírico y futuro se abría ante mis ojos. Había material para un primer libro que, ya compuesto y con prólogo amable de Carmen Isabel Santamaría del Rey, topó con la falta de recursos económicos para su publicación.

Circunstancias familiares me trajeron a Barcelona y lo que habría de ser una breve experiencia se convirtió en un nuevo modo de vida. Aquí publiqué “Orto, selección de poesía primera”, un libro reducido para albergar todo lo que hasta entonces llevaba escrito, pero que era, como decía en el prólogo, mi acta de nacimiento como poeta. Conocí a otros poetas, se publicaron en periódicos y revistas algunos de mis poemas, llegó la presentación del libro, gracias a la editora y poeta Dolores de la Cámara… Luego aconteció el casual descubrimiento del grupo poético de Vilafranca del Penedés con Carlos Casado a la cabeza, la colaboración en libros colectivos, reuniones, recitales y la edición de “De donde nace el viento”, mi segundo volumen publicado que recoge tres poemarios que, en otras circunstancias deberían de haber existido por sí mismos.

En Valladolid presenté por primera vez un poema, bastante malo, a un concurso literario y asistí a la primera entrega de premios en una cena literaria. Luego han seguido otros y otras, de manera esporádica. Ya en Barcelona, me presenté varias veces al “Adonais”, porque ganarlo u obtener un accésit, habría transformado el “Hay poeta” en una realidad palpable. Pero no hubo suerte, calidad suficiente o acierto en la composición de los poemarios. Superados los veinticinco años, y cada vez más espaciadamente, me he presentado a otros concursos, siempre con idénticos resultados. Mientras tanto, se iban acumulando poemas y títulos de libros posibles en un cajón. Y cundió el desaliento, seguía sintiéndome poeta, pero algo fallaba. Quizás me faltaba fé, empeño, trabajo… Era, soy, uno de tantos poetas encuadrado en esa legión que escribe porque siente que debe hacerlo, pero que nunca aparecerán en una Historia de la Literatura siquiera como poetas menores y se contentan con leer ocasionalmente sus versos o regalar ese libro que con tanto esfuerzo han publicado a amigos y conocidos. Y, para acabar de aceptar esta terrible situación, descubrí que hay poetas que nunca han escrito un libro, ni siquiera un poema, que ser poeta es una manera de ser y ver la vida. Y colorín, colorado.

Pero las musas reaparecen a veces. Y con la generalización actual del PC y el acceso a Internet, arrinconada mi segunda máquina de escribir, eléctrica ya, he querido dar a conocer mis trabajos en un blog que abrí en La Coctelera y he retomado el gusto por presentarme a concursos en la Red o en lugares cercanos a mi lugar de residencia, consiguiendo, en 2006, el tercer premio del certamen organizado por la Fundación Espejo de Viladecans, “Antonia Pérez Alegre”, conociendo a nuevos poetas y retomando la ilusión perdida, pero sin mayores expectativas, aún.

Y aquí estoy, con dos libros, tres hijos, muchos árboles plantados y el tiempo encaneciendo mi pelo.

Si Gabriel Celaya dijo que la poesía es un arma cargada de futuro, siguiendo con el símil bélico, yo afirmo que los poemas forman un ejército que lucha contra el tiempo y la injusticia. Y, con mis poemas en formación de combate, llego ante vosotros. Son poemas presentados, en su mayoría, a concursos y que no tiene acomodo en ninguno de los poemarios que aún mantienen la ilusión de echar a volar desde los folios ordenados dentro de carpetas en las profundidades de oscuros cajones. Poemas que piden luchar por su existencia y que yo, mal estratega, distribuyo en beligerante formación para que al menos tengan una segunda oportunidad todos juntos -la unión hace la fuerza- y le muestren al mundo lo que un poeta, caído del caballo en la lejana adolescencia, alberga en lo más hondo del corazón.

Que corra pues la sangre lírica.


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Sabadell, España
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Soy poeta y vallisoletano. Nací en Sardón de Duero el año en que le concedieron el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Vivo en Sabadell y trabajo en el sector de la construcción. Me moriré un buen día sin haber leído ni escrito lo suficiente. Pero hasta entonces, aquí estoy, haciendo lo que buenamente puedo y sé.
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