FORMACIÓN DE COMBATE. I
A lo largo de los años he participado, con más pena que gloria, en varios concursos de poesía. La mayoría de poemas presentados los he reunido bajo el título de "Formación de combate", con el fin de ponerlos, por entregas como las antiguas novelas, en la página www.yoescribo.com. La primera es una especie de prologo o justificación que creo conveniente colgar en este blog para que mis amigos de La Coctelera me conozcan un poco más.
FORMACIÓN DE COMBATE
EL PORQUÉ DE ESTA FORMACIÓN
Comencé a escribir poemas a los 14 años, cuando un compañero de clase me mostró un cuaderno lleno de composiciones en verso de las que se declaraba autor. A mí, escritor en ciernes sin saberlo, la poesía no me inspiraba mayor interés que el aprender de memoria algún sonoro poema de Rubén Darío y varios Romances con el fin de recitarlos en petit comité y algunos versos de Don Antonio Machado que me llegaban al alma, todos ellos descubiertos en los libros de texto. Lector empedernido de toda la prosa que caía en mis manos, escribía redacciones que el profesor de Lengua y Literatura, presentaba como ejemplo a los demás alumnos, artículos para revistas escolares y bocetos de novelas que harían aparecer mi nombre en futuros libros de estudiantes futuros.
“¿Tú no escribes poemas?”, o algo así debió decirme. Y yo, picado: “Sí. Y mejores que los tuyos.” Y me puse manos a la obra, leyendo la poca poesía que tenía a mi alcance, repasando nociones de métrica y rima y pasando a limpio en un cuaderno los incipientes logros.
Pronto adquirí mis primeros libros de poesía, antologías de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Quevedo, Miguel Hernández, la de Poesía Contemporánea de Gerardo Diego, el “Romancero Gitano”… Y mi primera máquina de escribir, una portátil Olivetti, con que pasar a limpio mis poemas para enviarlos al Diario Regional y verlos publicados, sintiéndome ya poeta. Luego vendría mi consagración al leer, con 18 años, ante un público entendido, una selección de mis trabajos en las Mañanas de
Circunstancias familiares me trajeron a Barcelona y lo que habría de ser una breve experiencia se convirtió en un nuevo modo de vida. Aquí publiqué “Orto, selección de poesía primera”, un libro reducido para albergar todo lo que hasta entonces llevaba escrito, pero que era, como decía en el prólogo, mi acta de nacimiento como poeta. Conocí a otros poetas, se publicaron en periódicos y revistas algunos de mis poemas, llegó la presentación del libro, gracias a la editora y poeta Dolores de
En Valladolid presenté por primera vez un poema, bastante malo, a un concurso literario y asistí a la primera entrega de premios en una cena literaria. Luego han seguido otros y otras, de manera esporádica. Ya en Barcelona, me presenté varias veces al “Adonais”, porque ganarlo u obtener un accésit, habría transformado el “Hay poeta” en una realidad palpable. Pero no hubo suerte, calidad suficiente o acierto en la composición de los poemarios. Superados los veinticinco años, y cada vez más espaciadamente, me he presentado a otros concursos, siempre con idénticos resultados. Mientras tanto, se iban acumulando poemas y títulos de libros posibles en un cajón. Y cundió el desaliento, seguía sintiéndome poeta, pero algo fallaba. Quizás me faltaba fé, empeño, trabajo… Era, soy, uno de tantos poetas encuadrado en esa legión que escribe porque siente que debe hacerlo, pero que nunca aparecerán en una Historia de
Pero las musas reaparecen a veces. Y con la generalización actual del PC y el acceso a Internet, arrinconada mi segunda máquina de escribir, eléctrica ya, he querido dar a conocer mis trabajos en un blog que abrí en
Y aquí estoy, con dos libros, tres hijos, muchos árboles plantados y el tiempo encaneciendo mi pelo.
Si Gabriel Celaya dijo que la poesía es un arma cargada de futuro, siguiendo con el símil bélico, yo afirmo que los poemas forman un ejército que lucha contra el tiempo y la injusticia. Y, con mis poemas en formación de combate, llego ante vosotros. Son poemas presentados, en su mayoría, a concursos y que no tiene acomodo en ninguno de los poemarios que aún mantienen la ilusión de echar a volar desde los folios ordenados dentro de carpetas en las profundidades de oscuros cajones. Poemas que piden luchar por su existencia y que yo, mal estratega, distribuyo en beligerante formación para que al menos tengan una segunda oportunidad todos juntos -la unión hace la fuerza- y le muestren al mundo lo que un poeta, caído del caballo en la lejana adolescencia, alberga en lo más hondo del corazón.
Que corra pues la sangre lírica.
