ELEGÍA DOBLE

¡Cuánto penar para morirse uno!

Miguel Hernández

El hacha la madera y su querencia

truncó firme, en pie tras tanto infierno,

y se enlutó el silencio, azul, paterno,

de dolor, de alacranes y de ausencia.

Luego la vida, vuelta ya inocencia,

se acostó con la tarde en el invierno

dulce, en la noche del amor eterno.

Se me nubló de nuevo la conciencia.

Después de tanta lluvia, tanto llanto

cicatrizado, abrieron las heridas

su amoratada flor de camposanto.

Me quedan por consuelo vuestras vidas,

tras tanto penar, tras desvivir tanto,

en un lecho de viento recogidas.

A la memoria de mi padre, fallecido en 1982

y de mi madre, que se reunió con él en 2006.

Y en su cielo se quieren a su manera.