Se acerca San Valentín y es menester hablar del amor, aunque el desenlace no sea un final feliz. Pero así es la vida.

Cuando se hace el amor

ala en reposo, nido, estancia, lecho,

ademán espontáneo,

palabras repetidas

que nunca nos oímos,

besos, pasión, deseo,

oleaje en la piel llena de peces,

irrealidad tangible,

desnudez tan sincera

que el corazón tocamos con la mano…

Cuando el amor da forma

horizontal al mundo

que habitamos y somos,

entidad y sustancia

de carne y fuego casi eternizados,

penumbra luminosa

para mirar de frente

a los dioses dormidos

que sueñan este instante

por nosotros creado cuerpo a cuerpo…

Cuando el amor nos sume

en el mar verdadero,

en un vuelo de viento

-un cigarro, una mano

blandamente cayendo,

un beso deslizado

desde el azul del cielo…-,

eres aún mujer de carne y hueso,

eres una ilusión aún dormida

y, aún, esperanza de otros días…

Pero luego, lejana, sólo tiempo.

Pero luego, cenizas, sólo fuego

apagado en hogares

oscuros sin espejos.