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La Coctelera

Un verso como el pan de cada día

Poesía necesaria

Categoría: Vivencias

1 Agosto 2009

Luna

 

Entonces era la luna leyenda. Una zarza, un hombre. Y también un rostro.

Volaba la imaginación en aquel despertar nocturno, la espalda contra el suelo y los ojos descubriendo el infinito estrellado sobre la Meseta.

Paz, asombro. Susurros de estrellas. Y la luna. El ensueño cambiante de la luna.

Luego fue satélite, roca, cráteres, polvo sin viento y una bandera.

Asimilaba la razón las palabras de la ciencia, las imágenes del progreso.

Más tarde se abrió el corazón y la luna me miraba con su polisón de nardos, con un niño de la mano. Veía yo sus senos de duro estaño, oía su retumbar de agua.

Y la sangre derramada surgía por los arrayanes blancos de su luz...

Ahora el hombre lobo que me habita busca su luna llena, mientras recorro el mundo intentando descubrir las heridas que dejó el celeste cuerpo sobre la faz de la tierra.

La luna acaricia con sus dedos de agua la piel de mis pies en las noches de marea.

Yo la contemplo, embriagado, anhelando descifrar su misterio. Y el mío.

Tags: vivencias

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17 Enero 2009

Convocado el III Premio Orola de Vivencias

Nunca me hecho eco de la convocatoria de ningún concurso literario. Pienso que quienes están -estamos- interesados en ellos saben donde encontrar las bases e información sobre los mismos.

Pero el premio Orola merece toda la difusión, aunque sea desde un sitio minoritario como éste blog, que pueda dársele.

Lo descubrí en la convocatoria de su segunda edición. Aparte de que los premios están bastante bien, lo más interesante es el género breve en que se incluye. No es de poesía ni de microrelato, si no de "Vivencias", lo cual le convierte en único. Lo descubrí y participé en él. Y gané aquella edición, lo cual me impide, desgraciadamente, participar de nuevo. Pero tengo la satisfacción de ver mi nombre cada vez que entro en su página web y de haber conocido a Fernando Orlando, verdadero impulsor de las Vivencias y amante de las letras y la cultura como buen donostiarra. De haber conocido también a Kadrinka Kadrinova, ganadora del segundo premio en la pasada edición, a Francisco Loredo, al gran comunicador Miguel de los Santos, a Ignacio Orola que mantiene informados admirablemente a todos los concursantes a través del blog del concurso y a tantos otros asistentes al acto de entrega de premios el pasado mes de octubre en Madid.

¿Qué es una "Vivencia"? Es una experiencia vital, un sentimiento, un concepto, una reflexión breve y poética, pero la mejor manera de entender qué es, es leer las Vivencias seleccionadas en las dos ediciones anteriores y las de Fernando Orlando. En la página de Orola hay varios ejemplos y se resuelve cualquier duda que pueda surgir sobre la mecánica del concurso y sobre la Vivencia misma, de una manera sencilla y amena.

Quienes leeis esto escribís de manera más o menos habitual en un blog personal. Muchos de vuestros escritos son, en sí mismos, vivencias. Sólo hay que pulir un poco el estilo, plasmar en menos de 700 palabras lo que queráis decir y ¡adelante! Supongo que ganar es dificil, pero está la "pedrea", la selección de 150 vivnecias que serán publicadas en un volumen muy bien editado que se entrega a cada seleccionado gratuítamente, no como otros concursos que pululan por ahí en los que, si quieres ver tu trabajo editado, has de adquirir el libro a veces a un precio exorbitante, si es que el libro llega a imprimirse.

Os dejo las bases y os animo a participar y a visitar la página y el blog de Orola. ¡Suerte!

Haz clik sobre las bases para aumentar su tamaño.

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31 Diciembre 2008

RECUERDOS, no de un año, de una vida

Ahora que se nos acaba el año, como todos los años, la televisión, la radio, la prensa y hasta la red de redes, se dedican a resumir lo bueno y lo malo, las anécdotas, los conflictos, de manera general y hasta objetiva, quiero yo dejar la primera parte de un romance que titulé provisionalmente RECUERDOS, para felicitar el nuevo año a todos los que se pasen por mi humilde rincón.




Sardón de Duero

En el azul tan alto de Castilla

mis ojos marineros navegaron;

como espumas las nubes deshacían

las arenas doradas del ocaso.

De donde nace el viento me llegaban,

bajando, como el viento, de los páramos,

vocablos aventados en las eras,

susurros como lluvia que los álamos

filtraban lentamente hasta las aguas

rotas en tajamares de mis manos,

palabras tan lejanas, tan antiguas

que olvidaron el roce de unos labios…

Las encinas, los chopos, los caminos,

la sangre de los pinos, los lejanos

alcores, las almenas desdentadas

de las tapias de adobe -paja y barro-,

el río, siempre el río, la alameda,

el monte y esas ruinas donde el grano,

tomándolas por troje, soterraba

los ecos y los rezos del pasado,

poblaron mi niñez donde el pan era

eterno compañero del tasajo,

del aceite endulzado y de la nada.

Foto: Estación de Sardón, por donde ya no pasan trenes.

¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!

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21 Diciembre 2008

sobre el verde tapete reclinado

En las largas tardes de invierno de mi infancia sin televisor y casi sin jugetes, la baraja era un elemento de entretenimiento. Recuerdo a mi padre escenificando historias en que las figuras cobraban vida. ¿Quién, de mi edad, no ha levantado un castillo de naipes o ha tapado simúltaneamente las patas de los cuatro caballos?

En casa jugábamos a la brisca. En la cantina, el mus y el tute subastado competían con el dominó sobre las mesas de mármol y hierro forjado.

En mi juventud aprendí varios juegos de manos con cartas y admiro la habilidad de los prestidigitadores que me dejan boquiabierto aunque conozca el truco.

Mis juegos predilecto son el tute y sus derivados, julepe, subastado..., y el mus, aunque creo que habré de esperar a la jubilación para hechar alguna partida si es que no desaparecen las barajas y la escasa gente que sabe jugar.

Como consuelo siempre me quedarán los solitarios. Y los versos.

Para los que juegan a la lotería, otra suerte de azar, les deseo que mañana les toque algún premio gordo o, al menos, la pedrea. Y a los que no, que el trabajo, que lleva camino de convertirse en una lotería, no les abandone y tengan salud y paz.

¡Suerte y buenas fiestas!

VERDE PASIÓN

sobre el verde tapete reclinado

(Antonio Machado)

Ahora que pintan bastos

entre paja recojo todos los tantos.

Y si pintan espadas

por las briscas peleo baza a baza.

Y cuando pintan copas

me emborracho de as, caballo, sota…

Y si pintaran oros

el tapete comprara para mí solo.

Ahora que la mano del azar determina el triunfo

he de buscar las diez de últimas

y, cante o no cante las cuarenta,

he de dar un órdago a la vida y pedir con siete

aunque doce medias no hubiera en la baraja.

Ahora que mis labios esbozan las señas,

el beso, las palabras, he de envidar,

jugarme todo el resto, subido a una escalera

o a treinta y una muertes abocado,

he de envidar, subastar mi entendimiento

y dar julepe a Dios si fuera mi adversario.

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4 Noviembre 2008

ROMPEOLAS DE TODAS LAS ESPAÑAS

El último miércoles del pasado mes de octubre, nos dirigimos, mi esposa y yo, a la capital de España para recoger el Premio Orola de Vivencias, 2008, acunar en nuestras manos al recién nacido "150 Autores, 150 Vivencias", que recoje una muy cuidada antología de las vivencias presentadas al concurso y, de paso, redescubrir Madrid, por cuyas calles no resonaban mis pasos desde hace casi cuarenta años.

El día amaneció lluvioso en Barcelona y provincia y no teniendo, por ser laborable, quien nos acercara al aeropuerto, decidimos armarnos de valor y encomendarnos a RENFE. Pésima decisión, pues el tren de cercanías nos dejó en la estación de Sants con considerable retraso y si tomábamos el tren al aeropuerto que, ¡qué casualidad!, pasaba de hora en hora, no ibámos a llegar a tiempo para facturar la maleta, así que tuvimos que tomar un taxi que, por la módica cantidad de 18€, nos permitió realizar los trámites adecuados y tomar un vuelo que salió con casi una hora de retraso, obligándonos a tomar otro taxi en Barajas, 25€, otro módica cantidad, para llegar a las tres de la tarde -habíamos quedado a las dos- al vetusto y elegante local de La Gran Peña en la Gran Via madrileña, donde nos esperaban Fernando Orlando, su hijo Ignacio y Kadrinka Kadrinova, ganadora del segundo premio Orola. Fue un almuerzo distendido y cordial, donde nos conocimos mejor y ultimamos detalles de la entrega de Premios que se realizó a las 20 horas en una sala de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad, en la mismísima Puerta del Sol. El acto, ver reseña en el blog de Orola, resultó un brillante alegato de la cultura.

El jueves, viernes (pese a la lluvia) y parte del sábado lo dedicamos a pasear por Madrid. Podéis ver algunas de las fotos que hice en mi página de Picasa.
Por la tarde tomamos el metro hasta el aeropuerto para volver a casa y para que no todo resultara agradable y perfecto me robaron la cartera con una cierta cantidad de dinero y toda la documentación, eso sí, de manera limpia, pues no me enteré hasta que en el último transbordo pude sentarme y notar un ligero descenso de peso en el bolsillo interior de la cazadora.

Pusimos la correspondiente denuncia en la comisaría de Barajas, anulamos las tarjetas al llegar a nuestro domicilio y hoy me he pasado la mañana para solicitar duplicados de la documentación sustraída. Y, ahora que todo vuelve a la normalidad, continúo esta minicrónica que comencé ayer y hube de suspender cuando mi hermana (habíamos comido en su casa y acabábamos de regresar) me llamó por teléfono para que llevará a mi cuñado que se había machacado literalmente el dedo meñique de la mano derecha con una cama plegable, a urgencias.

Por suerte, inmerso ya en la calma de la rutina, todo queda en una anécdota que puedo contar y en una gran satisfacción por la entrega del premio y un recuerdo agradable que, a fin de cuentas, será lo que perdure en mi memoria. Ahora he de cumplir con los compromisos adquiridos en la memorable velada del día 29, seguir escribiendo con la moral alta y probando suerte en otros concursos, amén de mantener este blog que tan buenos amigos me depara.

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2 Septiembre 2008

PALABRAS EN EL CAJÓN

Rebuscando en el cajón donde guardo poemas y cuentos, muchos de ellos inconclusos, que un día me resistí a destruir, he hallado estos textos, probablemente escritos hace unos ocho años, cuando decidí que el oficio de escribir era oficio de otros y yo había de limitarme, puesto que hasta entonces no supe o no quise dedicarle todo el tiempo que era menester, decidí, digo, limitarme al placer de la lectura. Resumen o testamento de mi vida afectiva y literaria, se mezclaron con otros textos en un sueño del que la generalización de Internet, que ha despertado de nuevo en mí el deseo de escribir, los ha rescatado para esponerlos hoy en esta ventana abierta que es todo blog.

SARDÓN, 1964


Cabellera era de trenes

la tarde

(Dámaso Alonso)

Cabellera de trenes, blanca, negra, azul, densa de humo y carbonilla, tenue de lejanía. Cabellera de trenes, aunque sólo pasara el tren correo y algún lento mercancías, la tarde permanece, ondulante, en la brisa del recuerdo. Los niños de entonces veíamos pasar los trenes de entonces. Caminábamos sobre los raíles, saltábamos de traviesa en traviesa, deteniéndonos de repente, el oído sobre el bruñido acero para escuchar el trepidar lejano del tren que se adivinaba en el azul temblor del aire, entre el pinar, partido en dos por las paralelas infinitas. Recogíamos carbón, escorias, pernos...

Las vías con sus trenes de ida y vuelta, frontera sur del pueblo. Al norte el Duero discurría, entre rumor de álamos, hacia su lejano poniente. El Duero y sus aguas para barcos de papel. Pero entonces no tenía yo conciencia del tiempo ni conocía a Heráclito y veía pasar los trenes con sólo asomarme a la puerta de casa. Acudía a la estación para comer moras –había moreras en los andenes- y beber agua fresca con regusto a herrumbre extraída del pozo por medio de una bomba aspirante impelente con un chirrido tan entrañable como el de los frenos de los trenes. Subía al vagón perenne estacionado en la vía muerta donde Teresa -¡qué vago su recuerdo!- rozó con los suyos mis labios.

Cabellera era de trenes la tarde y yo, sin saberlo, había tomado el tren de la vida y viajaba en un vagón de tercera. Comenzaba a darme cuenta que no eran los trenes que pasaban, sino yo mismo. Y había de seguir, seguir viaje hasta el final. Y, si alguna vez volvía, ya no sería el mismo, porque comenzaba a morir un poco, como los pinos, la estación y la tarde que era ya una inmensa cabellera de trenes, trenes al viento y sin destino.


VALLADOLID, 1974


Si no siempre entendidos, siempre abiertos

(Francisco de Quevedo)

Cabellera era de versos la tarde. Venían del poniente, de los libros abiertos, poblaban las mesas y los estantes de la casa. Aves posadas ofrecían largas, quebradas, rítmicas, sus plumas. Los poetas con sus voces silentes despertaban palabras. Y entre la ortodoxia de preceptivas literarias de principio de siglo y la heterodoxia de los sueños surgían, surcos negros y azules sobre el impoluto blanco de las cuartillas, aquellos versos juveniles. Alzaban su vuelo de repente en las lecturas dominicales de la casa de Cervantes y desde las páginas del desaparecido Diario Regional. Surgían las primeras críticas: “Hay poeta si persevera en el empeño.” Discurría el Duero por mis versos plagados de pinos y de amor, amor que buscaba por las calles de la ciudad donde llegaban los trenes, calles repletas de historia y cabelleras de muchachas. Buscaba palabras y besos donde saciar una sed infinita. Machado, Juan Ramón, Marta, Mina, Miguel Hernández, Federico, Amelia, María del Camino..., poetas y mujeres se entremezclaban en la brisa de aquellas tardes urbanas. Altair que me dejó su luz y un poso amargo, los relatos de Cortázar, las primeras lecturas de Borges, Neruda, las barras americanas, los encuentros con las letras y Fernando Sánchez Dragó. Búsqueda de mi mismo y de la Historia por los libros abiertos, por los cuerpos desnudos, por los sueños despiertos...


VALENCIA, 1980

Este beso en tus labios como una lenta espina,

como un mar que voló hecho un espejo

(Vicente Aleixandre)

El Mediterráneo cabellera de espumas. Luna, fuego, ojos de Felicidad anocheciendo en los míos. El amor tomaba cuerpo y substancia de mujer, se concretaban los sueños y los versos.

Miré tus ojos, perdí la vida que me dieron un verano. Felicidad, te amaba y te lo dije como te dije amor con otros nombres que ocultaban el tuyo, en otras bocas ávidas de tu boca, hacia otros ojos que anunciaban los tuyos creadores de vida en los océanos. Y el luto amarillo que portaba, cual la pena de un ocaso cruel y del otoño, desapareció al despertar el sol de Levante en tu mirada. Y caminamos juntos, bien lo sabes, desde entonces. Húmedos de mar y besos vemos pasar los mismos trenes.


SABADELL, 2000


El tiempo es la substancia de que estoy hecho

(Jorge Luis Borges)

Cabellera de recuerdos la tarde. La vía sin trenes y el Duero fluyendo continuo. Los versos dormidos y

los amores perdidos. Y el tiempo, substancia humana, creciendo conmigo, escribiendo otros libros –

puedo soñar, pero no escribir los sueños-. Pasados los cuarenta sólo el amor pervive. Lo demás son

recuerdos contra la pura forma del cristal o del agua, algunos versos, muchas ilusiones rotas. Lo demás

es derrota, concesiones al tiempo. Quebradas las alas, aún vuelo con los ojos. Veo pasar palabras de

otros, trenes que son otros. ¿Dónde quedó el empeño? En esta tarde inmensa, otras lecturas de

Borges, soy el río, el tigre, el fuego, soy yo, desgraciadamente.

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23 Junio 2008

LA NOCHE DE SAN JUAN

En Sardón de Duero, pequeño pueblo castellano donde nací, están de fiesta. Son las fiestas patronales, las fiestas del pueblo. Hace muchos años, tal vez demasiados, que no las vivo.

Me quedan recuerdos de infancia y juventud: las casetas de tiro, las tómbolas, la churrería del Mara, las almendras garrapiñadas, los dulces, los petardos... Los hijos de los feriantes cambiando tebeos con los niños del pueblo. La procesión durante la cual el alguacil lanzaba cohetes al aire y los chavales corríamos a recoger las cañas que caían del cielo azul del verano recien iniciado. La limonada en el ayuntamiento, que nada tenía que ver con la que se hacía en las peñas... Las peñas, aquellas peñas donde la imaginación ponía su sello variopinto y alegre, donde se trajinaba limonada con ingredientes secretos y se oían músicas dispares, donde el baile y la algazara se prolongaba día y noche. Las peñas y los peñistas..., recuerdo un año que decoramos las paredes con pergaminos donde se leían poemas míos alusivos a la fiesta y la greña. Sardón, que no es lugar de muchas tradiciones, en esto de las peñas se llevaba la palma, aunque lo mismo dirán en otras poblaciones de esta España nuestra tan dada a la fiesta y la sana alegría.

En la noche de San Juan había baile o verbena, pero no hogueras. Esta tradición la descubrí más tarde. Y he tenido la suerte de pasar una noche de San Juan en Galicia y otra en Alicante, dos de los lugares donde se celebra con más sentimiento esta noche mágica, como ocurre en Catalunya, donde año tras año, el fuego y el atronador ruido de la pólvora toman las calles de sus pueblos y ciudades, entre música, cava y coca.

Tres estractos tomados de wikipedia:

"La fiesta de la verbena de San Juan (La revetlla de Sant Joan) es una de las más celebradas en Cataluña. A lo largo de todo el territorio se realizan todo tipo de fiestas y tradiciones donde se reunen familiares y amigos. La forma tradicional más extendida es la quema de toneladas de fuegos artificiales y de hogueras realizadas de forma más o menos espontánea en las calles y plazas de las poblaciones."

"Especialmente significativas son las Hogueras de San Juan en la ciudad de Alicante, siendo las fiestas oficiales de la ciudad y declaradas de Interés Turístico Internacional. Aquí, las "Hogueras" o "Monumentos" son auténticas obras de arte, creadas durante meses por constructores y artistas que emplean materiales como cartón, madera, papel, pintura, etc. para que ardan fácilmente en la noche de San Juan."

"En toda la costa gallega y en muchas poblaciones del interior se celebra el San Xoán, que es además denominación de todo el mes de junio.
Se dice que esa noche mágica se comunican el mundo del Alén (más allá) con el del más acá. Es el momento de espantar los malos espíritus. En San Xoán meigas e bruxas fuxirán.
Las hogueras se encienden llegado el día 24, es decir, pasada la media noche. Se le atribuye protección y buena suerte al hecho de saltar nueve veces una hoguera esa noche (según las poblaciones, el número varía). También nueve veces había que recibir olas en A Lanzada, para aumentar la fertilidad femenina. Por la noche se recogen plantas aromáticas de varias clases que se dejan en agua para lavarse en la mañana siguiente; se le atribuyen propiedades terapéuticas y limpiadoras. Hacer dibujos o manchas esa noche también tenía un carácter clarividente, y también en ese sentido, acostarse con un manojo de hierbas de San Xoán hacía que al día despertarse se supiera la identidad de la futura pareja.
La comida típica e esa tarde-noche son los cachelos (patatas asadas con su piel, que se retira luego) y las sardinas asadas. Es una fiesta extendida en todo el litoral y casi toda Galicia."

Y con esto y un bizcocho...

¡Féliz verbena a todos!

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7 Junio 2008

LUNA

Al principio fue la luna leyenda. Una zarza, un hombre. Y también un rostro.

Volaba la imaginación en aquel despertar nocturno, la espalda contra el suelo y los ojos descubriendo el infinito estrellado sobre la Meseta. Paz, asombro. Y la luna.

Luego fue satélite, roca, cráteres, polvo sin viento y una bandera.

Asimilaba la razón las palabras de la ciencia, las imágenes del progreso.

Más tarde se abrió el corazón y la luna me miraba con su polisón de nardos, con un niño de la mano. Veía yo sus senos de duro estaño, oía su retumbar de agua.

Y la sangre derramada surgía por los arrayanes blancos de su luz…

Ahora el hombre lobo que me habita busca su luna llena, mientras recorro el mundo intentando descubrir las heridas que dejó el celeste cuerpo sobre la faz de la tierra.

La luna acaricia con sus dedos de agua la piel de mis pies en las noches de marea.

Yo la contemplo, mareado, intentando descifrar su misterio. Y el mío.

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Un verso como el pan de cada día

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Soy poeta y vallisoletano. Nací en Sardón de Duero el año en que le concedieron el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Vivo en Sabadell y trabajo en el sector de la construcción. Me moriré un buen día sin haber leído ni escrito lo suficiente. Pero hasta entonces, aquí estoy, haciendo lo que buenamente puedo y sé.
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