Categoría: Poesía
7 Noviembre 2009
volverás a correr detrás de todos los trenes
como único oficio
José Luis García Herrera
Sobre traviesas de hormigón y carriles soldados,
hasta mí, alma de madera que soy,
aromada de tiempo, envuelta en humo,
como una cabellera de recuerdos,
como una cabellera de viento
ululando aún entre los pinos,
como un renacer de ecos herrumbrosos,
metal contra metal, estacionados
junto a la vía muerta de los olvidados nombres,
como una cabellera de sueños cenicientos
despeinándose de pronto al nuevo
sol naciente de vagones, llegas,
aunque sean los mismos,
con otros campos en los ojos,
con otros puentes, otros pueblos,
otras gentes asomándose urgentes
a tu retina tenaz y pasajera.
Pleno de amor y lejanía,
herido de adioses
-la vida que nos cambia es siempre
la misma vida-, pasas,
te detienes y pasas, porque yo
me he subido ya a todos los trenes
y no puedo acompañarte.
Corrí tras de los trenes con mi mirar de niño,
asombro paralelo inundado de azules,
muchachas y limones, hasta subir a ellos
mi equipaje de sueños y horizontes posibles,
abrazando la vida, los sueños, la alegría
sobre un balasto de penas y amargas despedidas.
Aprendí que el mundo era más grande
y que era cada estación
una Alejandría sin llamas,
fui viajero al albur de un destino férreo
para llegar a ti, tren último
deslizándote urgente bajo la catenaria
de mi corazón, ya vagón de mercancías,
almacén rodante de amores y nostalgias,
poemas nunca escritos y ese poso amarillo
que abandona en las nubes el día que se acaba.
Para ahora - las traviesas de mi alma
tienen el aroma y el color de la brea-
correr tras de ti -no tengo más oficio-,
correr tras de ti con la vida en los ojos.
servido por Jesús Andrés
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24 Octubre 2009
En el poemario póstumo de Juan García Hortelano "La incomprensión del comercio" leo estas
VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE JIMÉNEZ
Vino primero puta,
vestida de escarlata,
y la amé como un hombre.
Mas se fue desprendiendo
de ligueros y encajes,
y me fue descarnando
como un ánjel pintado.
Quise amarla y no pude
sin odiarme a mi mismo.
Cuando ya supe odiarme,
sus caderas limadas,
sus pechos cernudianos,
su pubis de muñeca,
inodoras axilas
me conducían el alma
a las tardes de oro.
En el jardín de ensueños
secuestrado el presente,
brotaba de las fuentes
mi perdida ninfea,
maquillada, afeitada,
hirsuta, robacama,
con su niñez nefanda.
Luego ya no venía
y me fui acostumbrando
a la infame nostalgia
de sus medias caladas.
¿Dónde fuiste, ceñida,
culona, taconera,
vencida por la Gélida,
por la Proporcionada?
Ya nunca mía, mía,
me dejaste, corrupta,
perdido en los museos
de los muslos de mármol.
servido por Jesús Andrés
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18 Octubre 2009
El ganador del I Certamen de Poesía La Pluma en Verde, ha resultado ser Felipe Rubio López por su poema "A Mario Alberto, tahur de la ciudad dormida"
Como prometí, aquí está el triptico de sonetos que presenté al Certamen bajo el título " De encinas, polvo, versos":
1
ENCINA
Es tu sombra que el tiempo cristaliza
y en la noche de amor se hace presencia,
luz de estrellas palpables, residencia
de corazón herido, gris pellliza
del campo cuando el día ya desliza
la caricia de sol hacia su ausencia.
Y la pueblan mis sueños, consecuencia
de beber de la muerte y la ceniza
despertando en la luna mis resacas,
embriaguez inmutable de mis años
amarillos de versos y de alpacas.
¡Ay, encina de amor, por aledaños
senderos te recuerdo en las opacas
callejas que adoquinan desengaños!
2
POLVO
Ocultando pisadas con su frente,
blanco corcel, fantasma de la arcilla,
cobertor de cuchillos, gris semilla
de olvido, llega el polvo combatiente.
Enemigo de líneas, negro afluente
de la nada, aparece y se acuclilla
debajo de las camas, pesadilla
que nos cubre de tiempo lentamente.
Su imperio tiene el polvo, su guarida,
por los altos estantes y rincones,
la nube de su aliento suspendida.
Y lanza cada día sus halcones
por cubrirnos de muerte que es su vida,
su recuerdo tenaz de colisiones.
3
DE ENCINAS, POLVO, VERSOS
De encinas, polvo, versos, estoy hecho.
De olvidos y recuerdos, mi presente.
De alegría y dolor tengo la frente
y tengo el corazón fuera del pecho.
Y tengo, por tener, un duro lecho,
y un altar donde un fuego irreverente
crepita contra dios, contra la gente,
contra la vida misma insatisfecho.
Me sangran las palabras como gotas
de sombra, como llanto a mar abierto,
como la encina sangra sus bellotas.
Y callo de repente en el desierto,
en el temblor azul de espadas rotas,
con el verso más blanco y descubierto.
servido por Jesús Andrés
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25 Septiembre 2009
La tarde cenicienta se arrebuja
en papeles y viento.
Babel en movimiento.
En un aspirador vuela la bruja.
Perfilan las aceras
árboles de marchitas calaveras.
Se arraciman los años
en ososos sarmientos errabundos.
En los soles profundos
hay un eco dormido de rebaños
servido por Jesús Andrés
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19 Septiembre 2009
(Casi sin darme cuenta esta mañana he cumplido 53 años)
Yo tenía, mirad de mis dedos el agua,
en las manos un río,
un murmullo ya eterno desde el brico primero,
peces de plata de sol en un salto continuo.
¡Cuántas historias de hojas los álamos viejos
dejaban caer en las aguas y un frío
de muerte pasaba! ¡Cuánto sol, cuánto viento!
¡Cuánta lluvia y mar! ¡Ay, el destino!
Yo tenía, mirad entre mis dedos el polvo,
en las manos un río.
servido por Jesús Andrés
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16 Agosto 2009
Suelo tender la tarde desde mi ventana al olvido de los días azules.
Y poner a secar mis poemas mojados.
Y mirar donde el mar es recuerdo en los ojos antiguos del cielo.
Y contemplar como asciende lentamente el humo
que le sobra al fuego de mis dedos.
Y sorber todo el aire que admiten mis pulmones,
todo el aire que expulso para inevitablemente asfixiarme un día.
Suelo sentarme en la estela de barcos que no vuelven.
Y mecerme en la cuerda trenzada por el vuelo de las golondrinas.
Tiendo a recordar lo no vivido y olvidar lo cercano, quizás por anodino.
A soñar que sueño, que todo importa algo, aunque nada importe ya.
A no creer en nada que pueda ser creíble.
A reír inocente como ríen los niños.
A llorar y llorar, llorar sin llanto
porque no laven las lágrimas el dolor que me cubre.
Y suelo escribir, a veces, palabras sin pulmones
que vuelan por el aire, el aire enrarecido
donde naufraga, en las tardes tendidas, el fulgor del ocaso.
Foto: Ocaso de sol desde Terrassa, de Rosana rosanarosana.blogspot.com/2008/03/viajando-tr...
servido por Jesús Andrés
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11 Julio 2009
Se sorprende a si mismo ensangrentado,
víctima o verdugo tendido hacia la noche,
curare en las espumas que no alcanzan estrellas
y en el fondo tranquilo donde nace la vida
el abrazo del sol se aventura y se pierde.
Es el mar cuando el día se vierte en sus entrañas
un vasto claroscuro vecino de la aurora,
un espejo que tiende a girar sus azogues,
un pequeño universo en la estancia de Dios
que absorto contempla los diamantes del agua.
Pues que la vida se acaba y siempre se renueva
habrá siempre unos ojos mirando hacia poniente,
sondando el interior del mar que los levanta
en oscuro oleaje de respuestas perdidas,
del mar que ya amanece lejano en otros besos.
El sol intuye sombras pero ignora los fuegos
que en el mar cabecean cuando gana su espalda,
nada sabe del tiempo que los hombres medimos
observando el ocaso y su reloj de sangre
sobre el mar de poniente y su beso de muerte.
servido por Jesús Andrés
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3 Julio 2009
De mi libro "De donde nace el viento" recupero este poema:
TORO

I
Bella estampa que vienes
de un pasado remoto
enfrentándote al viento
en un campo sin rojos.
Tu bravura se yergue
con la edad de tu escorzo.
En la tarde de fuego
negra luna en tus ojos.
II

Se pertenecen a veces
toro y torero en la tarde.
En la copa de la arena
brindan los dos con su sangre.
El toro ignora sus suerte,
su destino inquebrantable
y busca, fiero, la vida
que le quitan contra el aire.
Busca su vida y encuentra
una muerte lenta y grande.
El torero herido lleva
su pundonor en el sable.
III

Heridas tiene la tarde
por donde se entra la noche.
Hermanos tienes que esperan
la suerte que a ti te ponen.
Rueda redonda en la plaza
tu figura dura y noble.
Bravo y vencido te llevan
arrastrado entre dos soles.
Tu destino se ha cumplido
y no tienes quien te llore.

servido por Jesús Andrés
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