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La Coctelera

Un verso como el pan de cada día

Poesía necesaria

Categoría: Certámenes literarios

1 Enero 2010

BUEN COMIENZO DE AÑO

El pasado año, ayer para más señas, se hizo publico el fallo del "I Certamen de Narrativa Corta LVDLPEI", aunque ha sido hoy, tras abrir el correo, cuando he tenido acceso a la noticia de que mi relato "El mercader" ha resultado ganador y aparecerá, junto a otros 29 seleccionados en una antología de próxima aparición. Buena manera de comenzar el año, amigos, esta invitación a perseverar en el empeño de juntar palabras para que otros las lean y disfruten. Estos reconocimientos sumados a la acogida que mis escritos tienen entre los buenos amigos de La Coctelera son un acicate y una enorme alegría para mí.

Desde la ilusión que hoy me embarga, os deseo a todos, una vez más, un venturoso año nuevo.

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18 Octubre 2009

DE ENCINAS, POLVO, VERSOS

El ganador del I Certamen de Poesía La Pluma en Verde, ha resultado ser Felipe Rubio López por su poema "A Mario Alberto, tahur de la ciudad dormida"

Como prometí, aquí está el triptico de sonetos que presenté al Certamen bajo el título  " De encinas, polvo, versos":

 

1 

ENCINA

 

Es tu sombra que el tiempo cristaliza

y en la noche de amor se hace presencia,

luz de estrellas palpables, residencia

de corazón herido, gris pellliza

 

del campo cuando el día ya desliza

la caricia de sol hacia su ausencia.

Y la pueblan mis sueños, consecuencia

de beber de la muerte y la ceniza

 

despertando en la luna mis resacas,

embriaguez inmutable de mis años

amarillos de versos y de alpacas.

 

¡Ay, encina de amor, por aledaños

senderos te recuerdo en las opacas

callejas que adoquinan desengaños!

 

 

2

POLVO

 

Ocultando pisadas con su frente,

blanco corcel, fantasma de la arcilla,

cobertor de cuchillos, gris semilla

de olvido, llega el polvo combatiente.

 

Enemigo de líneas, negro afluente

de la nada, aparece y se acuclilla

debajo de las camas, pesadilla

que nos cubre de tiempo lentamente.

 

Su imperio tiene el polvo, su guarida,

por los altos estantes y rincones,

la nube de su aliento suspendida.

 

Y lanza cada día sus halcones

por cubrirnos de muerte que es su vida,

su recuerdo tenaz de colisiones.

 

  

3

DE ENCINAS, POLVO, VERSOS

 

De encinas, polvo, versos, estoy hecho.

De olvidos y recuerdos, mi presente.

De alegría y dolor tengo la frente

y tengo el corazón fuera del pecho.

 

Y tengo, por tener, un duro lecho,

y un altar donde un fuego irreverente

crepita contra dios, contra la gente,

contra la vida misma insatisfecho.

 

Me sangran las palabras como gotas

de sombra, como llanto a mar abierto,

como la encina sangra sus bellotas.

 

Y callo de repente en el desierto,

en el temblor azul de espadas rotas,

con el verso más blanco y descubierto.

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14 Octubre 2009

LA PLUMA EN VERDE

El viernes 16, en el Centro Cívico José Saramago de Leganés, tendrá lugar la entrega de premios del "I Certamen Nacional de Poesía La Pluma en Verde", organizado por la revista El Zoco

Lástima que Leganés esté más cerca de Madrid que de Barcelona y si me pongo en carretera al salir del trabajo, va a ser que no voy a llegar a la hora del acto (19,00), pero si alguien lo tiene a mano, que se deje caer por allí. Merece la pena.

Se va a editar un libro con los poemas ganadores y los accésits seleccionados por el jurado. Y en ese libro aparecerá "De encinas, polvo, versos" con el que yo participé, se trata de tres sonetos que colgaré en mi próxima entrada, una vez se de a conocer el fallo.

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17 Enero 2009

Convocado el III Premio Orola de Vivencias

Nunca me hecho eco de la convocatoria de ningún concurso literario. Pienso que quienes están -estamos- interesados en ellos saben donde encontrar las bases e información sobre los mismos.

Pero el premio Orola merece toda la difusión, aunque sea desde un sitio minoritario como éste blog, que pueda dársele.

Lo descubrí en la convocatoria de su segunda edición. Aparte de que los premios están bastante bien, lo más interesante es el género breve en que se incluye. No es de poesía ni de microrelato, si no de "Vivencias", lo cual le convierte en único. Lo descubrí y participé en él. Y gané aquella edición, lo cual me impide, desgraciadamente, participar de nuevo. Pero tengo la satisfacción de ver mi nombre cada vez que entro en su página web y de haber conocido a Fernando Orlando, verdadero impulsor de las Vivencias y amante de las letras y la cultura como buen donostiarra. De haber conocido también a Kadrinka Kadrinova, ganadora del segundo premio en la pasada edición, a Francisco Loredo, al gran comunicador Miguel de los Santos, a Ignacio Orola que mantiene informados admirablemente a todos los concursantes a través del blog del concurso y a tantos otros asistentes al acto de entrega de premios el pasado mes de octubre en Madid.

¿Qué es una "Vivencia"? Es una experiencia vital, un sentimiento, un concepto, una reflexión breve y poética, pero la mejor manera de entender qué es, es leer las Vivencias seleccionadas en las dos ediciones anteriores y las de Fernando Orlando. En la página de Orola hay varios ejemplos y se resuelve cualquier duda que pueda surgir sobre la mecánica del concurso y sobre la Vivencia misma, de una manera sencilla y amena.

Quienes leeis esto escribís de manera más o menos habitual en un blog personal. Muchos de vuestros escritos son, en sí mismos, vivencias. Sólo hay que pulir un poco el estilo, plasmar en menos de 700 palabras lo que queráis decir y ¡adelante! Supongo que ganar es dificil, pero está la "pedrea", la selección de 150 vivnecias que serán publicadas en un volumen muy bien editado que se entrega a cada seleccionado gratuítamente, no como otros concursos que pululan por ahí en los que, si quieres ver tu trabajo editado, has de adquirir el libro a veces a un precio exorbitante, si es que el libro llega a imprimirse.

Os dejo las bases y os animo a participar y a visitar la página y el blog de Orola. ¡Suerte!

Haz clik sobre las bases para aumentar su tamaño.

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10 Diciembre 2008

EL MERCADER -Quiero que me leas-

 

 Amigo, amiga, de La Coctelera, en quiero que me leas. com, hay un concurso de relatos sin ánimo de lucro en el cual participo con este cuento. Si te ha gustado, puedes pasarte por allí y dejar tu voto. Te lo agradeceré.

 

EL MERCADER

 

 

Las ancianas llevan a sus hijas a los caminos, a los alberges y a sus tiendas y son a veces diez, veinte o treinta; las hacen yacer con los citados mercaderes y luego las casan. Y cuando el mercader se ha recreado a su antojo, ha de regalarle alguna joya, para que pueda demostrar que alguien ha tenido trato con ella. Y la que más joyas tiene, señal de que ha yacido con más hombres; así pues, antes se casa.

MARCO POLO  "La descripción del mundo"

 

 

 

 

Moderno mercader ofrezco en el babélico bazar de la red mi comercio de palabras. Busco ideas, frases, historias para engarzarlas y venderlas como propias. Robo si es preciso, mato si es menester. Todo porque quiero que me leas, que me compres con tu tiempo ajeno a inflaciones, acaso ignorante de plagios y mentiras, tu tiempo para yacer en él como yació mi ancestro, tal como lo describe el viajero veneciano, en sedas que figuraban un edén sobre la dura tierra transitada por miles de pezuñas y cansados pies. Esta es su historia, narrada por él mismo, que pongo ante tus ojos por si quieres comprarla o matarme por ella:

 

"Y venían las madres con sus hijas hasta mi tienda plantada en el valle, cerca de la ciudad que guardaba, tras el severo cinturón de sus murallas, virginales tesoros. Cansado del camino, de tantas singladuras y jornadas acumuladas en el alma, pesada carga de tiempo imposible de  aligerar o cambiar como el mudable cargamento de mi carro, desplegué la lona curtida por todos los vientos  y situé la tienda frente a la ciudad que al día siguiente recorrería, ansioso como estaba por conocer sus gentes, sus aún ignoradas costumbres, las construcciones sugeridas bajo los pináculos resplandecientes al último sol de la tarde tras las murallas y los nombres que daban a los vientos y a las cosas. Has de plantar tu tienda en el valle, me dijeron, junto a las de los otros mercaderes y esperar. Es la costumbre. Mañana hallareis las puertas abiertas. Y así lo hice.

Y venían las madres con sus hijas hasta mi tienda. Me traían las madres a sus hijas de piel morena y andares de céfiro. Unas, las menos, con el terso cuello desnudo, otras, luciendo hermosas joyas en torno a él. Vírgenes, según supe después, o merecedoras de un inminente matrimonio. Yo entonces sabía ya lo que era dejar atrás mares enfurecidos, tantas veces  puestos en pie, cruzar montañas y desiertos donde la nieve y la arena borraban todos los caminos, y sabía también que aceptar los usos, hábitos y tradiciones de los lugares de tránsito, era moneda habitual y, muchas veces, garantía de supervivencia. Mientras mis ojos recogían el esplendor de la postrera luz del día sobre los ebúrneos cuerpos juveniles, mis oídos, captado ya el mensaje, se cerraban a cal y canto a la mercantil invitación de las madres, algunas ya ancianas, cumpliendo un rito aceptado como se acepta la lluvia, el viento y los dioses. Recorría con la vista el mágico perfil de las muchachas, los muslos inquietos, los pechos de gacela, los rostros modelados por un viento divino, la amanecida belleza contra el sol del ocaso. Y unos ojos detuvieron los míos. Una saeta de fuego verde me dejó ciego de repente o, al menos, huérfano de un mirar que no fuera aquel tierno mirar de amanecida que emanaba de unos ojos gárrulos y sumisos a un tiempo.

Ojos de alondra sin nido que me observaban, desnudos, bajo la bruna cabellera revuelta, entre sedientos pliegues de sábanas y epidermis, en los cálidos confines de mi reino de tela y mercancías. Ojos de mudas respuestas expresivas a mis preguntas sobre su dueña, su pueblo y sus costumbres. Ojos ávidos de experiencias, sobre un cuerpo núbil destinado a yacer con muchos hombres antes de hacerlo con un príncipe de su tierra. Ojos que deseé para mí sólo, incumpliendo la norma capital de todo mercader, aquella que dice que todo es susceptible de venta o trueque. Pero yo entonces no conocía el amor. 

Las mágicas aves de la noche alejaron los temores nocturnos, los peligros reales o imaginarios que tantas veces rondaron mi tienda, los fantasmas de la soledad y el miedo a lo desconocido, siempre vencido por mi afán de saber, de conocer, de ir  más allá de lo inmediato y sabido, que confería entidad y significado a mi oficio, elegido libremente entre todos los posibles. Y trajeron la lluvia, inusitada en aquella época del año. La lluvia con su insistente repiqueteo quería descubrir el amor que brotaba, más incontenible que ella, bajo la lona. El amor que hacía tambalear los cimientos de mi ser y mi razón. Bien saben los dioses que en aquellos momentos mi vida nómada no tenía sentido alguno. Si existe el paraíso que prometen ciertas religiones más allá de la muerte, será pálido reflejo del éxtasis y placer de la noche aquella.

He recorrido todo el mundo conocido comprando y vendiendo, trocando corales por metales, metales por paños y paños por rocas esculpidas por el viento, artículos intranscendentes por objetos valiosísimos. He visitado países donde el oro y las perlas crecen como la hierba y no tienen el menor valor para sus habitantes, ciudades hospitalarias donde los maridos me ofrecían a sus esposas y los padres a sus hijas porque es su costumbre y su ley. He visto quiméricos tesoros y descubierto insólitas culturas, mujeres que semejaban diosas y diosas idénticas a mujeres. Me he complacido en placeres, frutas y viento. Me he introducido en los vericuetos de cuantas religiones he conocido y de las más impías convicciones. He recorrido muchos caminos buscando la impagable presea de aquella noche, perdida ya para siempre. Me pregunté, tendida ella a mi lado, en placentero relajamiento, interludio de la amorosa batalla, cómo podría comprarla, por qué singular ofrenda conseguiría canjearla. Afortunado y desdichado mercader tenía entre mis manos el tesoro más preciado: piel de aceituna con un edénico tinte rojizo, suave como los tejidos del oriente, tersa y dúctil como el oro de la gran península, ondulada como un objeto conformado por el mar y el viento tras largos años... Pero habría de dejarlo para otro.

 La noche, mecida por la lluvia, avanzaba inexorable sobre los montes mínimos cuyas cimas, sonrosadas y erectas, rozaban las nubes de mis labios, sobre los lentos declives de los muslos prietos, prometedores como riberas fértiles. Saboreé sus encantos contando con los dientes el vello rizado de su pubis. Y cesó de llover.

Todos mis intentos por conseguirla al clarear el alba, resultaron vanos. Aunque sabía que no poseía objeto alguno comparable a su belleza, intenté, usando mis recursos y ardides de comerciante, comprarla. Rogué, desnudé mi alma con una sinceridad que sonaba falsa, pensé en raptarla, ofrecí quedarme allí para siempre, hacer lo que fuera con tal de estar a su lado. Terminé viéndola partir entre los suyos, luciendo en su cuello un ídolo dorado engarzado de rubíes, preciada herencia que recibí de mis mayores y juré conservar hasta el fin de mis días. No entré en la ciudad. Desolado, regresé a mi tienda a esperar la noche entre sedas vacías.

He andado muchos caminos desde entonces. Me he enriquecido y sumido en la mayor de las miserias. He sido víctima de salteadores y huésped de reyes. Como el mar, he hundido embarcaciones y alumbrado espléndidas islas. He comprado objetos manchados de sangre y vendido perlas inmaculadas. He traficado con lo que para unos es sagrado y para otros abyecto. He sido fiel a mi oficio, tanto en la paz como en la guerra. Y he sobrevivido burlando religiones, creencias, usos, costumbres y leyes que al final son siempre la misma: la vieja ley de la supervivencia. He descubierto siempre, bajo cualquier atuendo, un cuerpo de mujer estremecido. Y recuerdo, desnudos, sobre un cuerpo núbil y rendido, unos ojos. Aquellos ojos. La noche aquella. La muchacha que hice mujer bajo la lluvia, bajo la lona, debajo de mi orgullo de mercader, en este mismo valle donde he plantado mi tienda tanto tiempo después.  

Y vienen las madres con sus hijas de piel morena y leve tonalidad rojiza, vírgenes unas, otras con joyas en el cuello. Sólo tengo que elegir a una de ellas para soportar el frío de la soledad nocturna. Admiro el mágico perfil de las muchachas, los muslos inquietos, los pechos de gacela, el rostro cincelado por un buril divino, la amanecida belleza contra el sol del ocaso. No quiero escuchar la monótona exhortación de las madres proclamando las virtudes de sus hijas. Sólo una no habla. Me mira desde el fondo de sus ojos verdes, ojos de alondra que anidó en otro lecho, evocadores de la noche y de la lluvia sobre el fulgor dorado de su cuello. Acompaña a una joven de ojos airados que miran a su madre sin comprender su silencio, su inexplicable interés para que este viejo mercader se decida por ella. Ojos de asombro al resultar elegida, pese a todo.

Ojos que me observan, desnudos, bajo la bruna cabellera, sobre las sábanas ahítas, debajo de la lona acariciada por la luna, verdes de asombro y agua detenida. Ofendidos ojos de muchacha tendida que no comprende por qué este canoso y estúpido mercader le ofrece sus tesoros sin poseerla. He de conocer muchos hombres para poder desposarme. Goza cuanto quieras y, luego, aceptaré tus regalos, dice. Y los mágicos pájaros de la noche se posan sobre la tienda. Pero no traen la lluvia. En esta época del año no suele llover."

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4 Noviembre 2008

ROMPEOLAS DE TODAS LAS ESPAÑAS

El último miércoles del pasado mes de octubre, nos dirigimos, mi esposa y yo, a la capital de España para recoger el Premio Orola de Vivencias, 2008, acunar en nuestras manos al recién nacido "150 Autores, 150 Vivencias", que recoje una muy cuidada antología de las vivencias presentadas al concurso y, de paso, redescubrir Madrid, por cuyas calles no resonaban mis pasos desde hace casi cuarenta años.

El día amaneció lluvioso en Barcelona y provincia y no teniendo, por ser laborable, quien nos acercara al aeropuerto, decidimos armarnos de valor y encomendarnos a RENFE. Pésima decisión, pues el tren de cercanías nos dejó en la estación de Sants con considerable retraso y si tomábamos el tren al aeropuerto que, ¡qué casualidad!, pasaba de hora en hora, no ibámos a llegar a tiempo para facturar la maleta, así que tuvimos que tomar un taxi que, por la módica cantidad de 18€, nos permitió realizar los trámites adecuados y tomar un vuelo que salió con casi una hora de retraso, obligándonos a tomar otro taxi en Barajas, 25€, otro módica cantidad, para llegar a las tres de la tarde -habíamos quedado a las dos- al vetusto y elegante local de La Gran Peña en la Gran Via madrileña, donde nos esperaban Fernando Orlando, su hijo Ignacio y Kadrinka Kadrinova, ganadora del segundo premio Orola. Fue un almuerzo distendido y cordial, donde nos conocimos mejor y ultimamos detalles de la entrega de Premios que se realizó a las 20 horas en una sala de la Presidencia del Gobierno de la Comunidad, en la mismísima Puerta del Sol. El acto, ver reseña en el blog de Orola, resultó un brillante alegato de la cultura.

El jueves, viernes (pese a la lluvia) y parte del sábado lo dedicamos a pasear por Madrid. Podéis ver algunas de las fotos que hice en mi página de Picasa.
Por la tarde tomamos el metro hasta el aeropuerto para volver a casa y para que no todo resultara agradable y perfecto me robaron la cartera con una cierta cantidad de dinero y toda la documentación, eso sí, de manera limpia, pues no me enteré hasta que en el último transbordo pude sentarme y notar un ligero descenso de peso en el bolsillo interior de la cazadora.

Pusimos la correspondiente denuncia en la comisaría de Barajas, anulamos las tarjetas al llegar a nuestro domicilio y hoy me he pasado la mañana para solicitar duplicados de la documentación sustraída. Y, ahora que todo vuelve a la normalidad, continúo esta minicrónica que comencé ayer y hube de suspender cuando mi hermana (habíamos comido en su casa y acabábamos de regresar) me llamó por teléfono para que llevará a mi cuñado que se había machacado literalmente el dedo meñique de la mano derecha con una cama plegable, a urgencias.

Por suerte, inmerso ya en la calma de la rutina, todo queda en una anécdota que puedo contar y en una gran satisfacción por la entrega del premio y un recuerdo agradable que, a fin de cuentas, será lo que perdure en mi memoria. Ahora he de cumplir con los compromisos adquiridos en la memorable velada del día 29, seguir escribiendo con la moral alta y probando suerte en otros concursos, amén de mantener este blog que tan buenos amigos me depara.

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11 Octubre 2008

PRESENTACIÓN ANTOLOGÍA PREMIO OROLA 2008

Me comunican personalmente desde Ediciones Orola, que el próximo 29 de octubre tendrá lugar en Madrid la presentación del libro antológico que recoge las 150 mejores vivencias de las casi 1500 presentadas al concurso. En el mismo acto se hará entrega a los tres ganadores de los trofeos correspondientes.

Aprovecharé para recorrer por unos días la capital de España y a la vuelta colgaré en este espacio una reseña del grato acontecimiento.

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25 Septiembre 2008

TIEMPO DE OTOÑO, TIEMPO DE HAIKUS

La Facultad de Derecho de la UCLM, de Albacete, convoca el III Concurso Internacional de Haiku, esas breves y sencillas joyas que nacieron en Japón y se pueden descubrir en El rincón del Haiku.

Aprovechando que ya estamos en otoño, he escrito esta serie de seis haikus, que si bien respetan la forma clásica del género, quizas el fondo se aleje de lo que en puridad debe reflejar un haiku: sencillamente lo que está sucediendo en este momento, un relámpago visto y apresado en tres versos.

OTOÑO Y TIEMPO

Otoño y tiempo

visten de cicatrices

madera y carne.


.........................

Madura el tiempo

en las lunas redondas

de los racimos.


........................

Cántaros viejos

adornando rincones:

tiempo de arcilla.


.........................

Deja la aurora

en las hojas su llanto

de tiempo niño.


......................

La tarde llena

de limones el agua:

tiempo amarillo.


.........................

Sobre la esfera

del reloj de la noche

brillan los astros.

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Sobre mí

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Un verso como el pan de cada día

Sabadell, España
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Soy poeta y vallisoletano. Nací en Sardón de Duero el año en que le concedieron el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Vivo en Sabadell y trabajo en el sector de la construcción. Me moriré un buen día sin haber leído ni escrito lo suficiente. Pero hasta entonces, aquí estoy, haciendo lo que buenamente puedo y sé.
Contador Gratis width="110" height="45" class="imgcen" /> Perfil de Facebook de Jesús Pico Rebollo http://www.escritores.org
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