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La Coctelera

ROMANCE MARINERO DE CASTILLA

 

En rebaño de nubes surcan mares

desdeñosos de azul y lejanía

bajeles con las velas desplegadas,

incendiadas barcazas se aproximan

al rojo acantilado del ocaso

donde una tarde más naufraga el día,

ufano es sus mareas es el cielo

un negro cobertor que el frío habita,

dormidas en su fuego las estrellas

sueñan voces remotas de vigías

y oscurece, sereno y apacible,

el mar, todo de tierra, de Castilla.

 

Amanece. Altos mástiles de chopos

emergen de las sombras y se agitan

en un temblor de espumas los sembrados,

vestidas de gorriones la alegría

sondean con sus picos mil gaviotas,

marinos de labranza al cielo miran

con el mismo mirar de sus ancestros

temiendo la tormenta o la sequía.

A falta de otro mar el sol se rompe

en aguas limitadas por orillas

y cantan, despertando de su sueño,

grumetes embarcados de por vida

en la dura tarea de ser hombres

arrojando su infancia por la quilla.

Sirenas imposibles se revelan

en las frondas que emergen como islas

entre estelas de surcos levantados

apenas por el beso de la brisa.

Otean en sus cofas las cigüeñas

prestas para gritar: "mar a la vista"

y una flota de sueños se guarece

en puertos flanqueados por encinas.

 

Errante marinero en tierra vuelvo

desde el mar que en los ojos no cabía

a recorrer los yermos de mi infancia,

la llanura sin velas, infinita,

los tesos solitarios, lentos palos

de bajeles de luz a la deriva,

aquellos campos ocres que mi padre

labraba, caminaba, bendecía.

Las lentas parameras me contemplan

surcando el horizonte oscurecidas.

Y traigo singladuras en los ojos,

naufragios, tempestades, travesías

y, de tanto remar, rotos los brazos,

el alma rota, intacta la sonrisa.

 

Avanzan los recuerdos su oleaje

sobre los pecios tristes de caliza,

¡qué armadas invencibles navegaron

estos mares de olvido, tan altivas

que océanos remotos apuntaban

mascarones de sueños y conquistas!

Quiméricos marinos arrogantes

que sin saber nadar arremetían,

por ganar otros mundos, altas olas,

con el viento sin luz por las crujías

ocultan sus naufragios bajo tierra,

en la memoria en sombra de la vida

donde dejó el arado rectos rumbos

y un ensueño de luz y golondrinas.

Castilla marinera aún aguarda

con las vegas abiertas cual sentinas

el candeal piloto que gobierne

su derrota, su rumbo y su deriva.

 

1er Premio XIV Certamen Poètico "Amanecer Literario"

Círculo de Castilla y León, Barcelona, 25-06-2011

Reseñas del premio:

España Exterior

Casas Regionales

Ayto. de Sardón de Duero

ATARDECER POÉTICO

El pasado martes, día 10, la locutora y poeta Pilar Falcón nos dedicó el programa de Ripollet radio "Atardecer poético" que con suma delicadeza y saber hacer dirige y presenta a los ganadores del 14è Certamen Poètic de Barbera del Vallès Miguel Ángel Marín Román que obtuvo el segundo premio y un servidor.

Dejo aquí el enlace al posdcat del programa de una hora de duración:

Atardecer poético. Programa 10/05/2011

COMO UN HOMBRE SIN MÁS

Desde el pasado año sin escribir nada en este espacio, es mucho tiempo. Mientras pienso seriamente en retomar el hilo, dejo este poema en recuerdo de José Antonio labordeta que ha merecido el primer premio en el 14 Certamen Poètic de Badia del Vallès, fallado el miércoles 27/04711

 

 

 

COMO UN HOMBRE SIN MÁS

 

(para recordar a José Antonio como él querría)

 

                               Recuérdame,

                               como un árbol caído,

                              como un pájaro herido,

                              como un hombre sin más.

                              (José Antonio Labordeta)

 

 

Como se van las tardes y los hombres,

las canciones se van, se van los versos

y nos dejan pequeños universos,

y en un tronco grabados viejos nombres,

 

perentoria memoria de la tierra

que pisaron un día y que tú pisas,

memoria del pasar forjando brisas

caricias para el rostro y la alta sierra,

 

memoria del pasar rompiendo el lodo

que cobija los siglos y los muertos,

como un jardín regado y tantos huertos

donde busca el recuerdo su acomodo,

 

memoria de una sed y de un paisaje

terriblemente duro y solitario,

pedregales y ontinas, sedentario

dominio del pesar y del coraje,

 

memoria de un adiós que ha sido impuesto

por una historia triste que atenaza

al hombre de estos pagos y amenaza

con un estrafalario, adusto gesto

 

mientras pasa y se rompe el horizonte

cada vez más lejano y más amargo

sumido para siempre en el letargo

de la tarde parada sobre el monte,

 

memoria de una tierra abandonada

porque el pan está lejos y la vida

se arrebuja entre brasas consumida

como fruta en agraz nunca granada,

 

memoria, sí, de pájaros heridos,

banderas rotas, rotos campanarios,

sabinas arrumbadas y precarios

hogares con carbones encendidos,

 

memoria del poeta, del paisano

que, como yo, tú has visto por las ondas,

caminante entrañable hasta las hondas

entrañas del país, mochila en mano,

 

memoria de esa voz recia en la albada

cercana al corazón de tan tremenda

gritando libertad por toda hacienda,

como única verdad enarbolada,

 

memoria del vivir de cada día,

de un beduino extraviado y callejero

que dijo su verdad y fue certero

como el sol implacable que seguía,

 

recuerdo avaricioso del amigo,

del vecino, del hombre, compañero

ya tuyo, mío ya, ya por entero,

que un gris amanecer llevó consigo.

 

Como se van los días y los sueños

se nos van los poetas; nos quedamos

más vacíos, más solos, como ramos

inclinados al viento y sus empeños.

  

Rebrota con su sangre un viejo olivo

y su verso se curva como el viento,

y es la mañana azul asentimiento

de su paso fugaz y genitivo,

 

porque aunque se van, no están ausentes,

que son tierra y canción, lo que nombraron

son, son la voz y luz que nos legaron,

el agua transparente de las fuentes,

 

Y quedan las palabras de su boca

escritas para siempre en la memoria

de los hombres, del tiempo y de la historia,

del céfiro, del río y de la roca.

 

Y queda lo que fueron: sólo hombres,

hombres sin más, sin más para la fama

que saberse el papel, la fina trama

representada al fin en los pronombres.

 

FELIZ AÑO A TODOS

AÑO VIEJO

Trescientos sesenta y cinco días asesinados

oficialmente a las doce de la noche.

 

Pero se han ido muriendo de inanición,

desgana y desaliento,

hora a hora, instante a instante.

Pero se han muerto lentamente

famélicos y enfermos,

o en bruscos atentados,

víctimas de sus propios sueños,

las guerras y el miedo,

devorados por la tierra

que de repente abrió sus fauces

y no pudo recoger más llanto

caído de los cielos.

Pero han ido quebrándose paso a paso,

rompiéndose en pedazos

que recogen y mezclan

-aún el año está en capilla-

periodistas y amigos de frías estadísticas,

recogen y maquillan políticos sin norte,

los dueños de las cosas.

 

Y hay muertos para todos,

cadáveres de días

felices, desgraciados, que por fin enterramos.

 

Queridos amigos:

¡FÉLIZ AÑO NUEVO A TODOS!

 

 

V CERTAMEN DE POESÍA ANTONIA PÉREZ ALEGRE

Tras varias vicisitudes han sido otorgados los premios del "V Certamen de Poesía Antonia Pérez Alegre" organizado por la Fundación Espejo de Viladecans, en un íntimo y emotivo acto amenizado por el cantautor Toni Poza celebrado esta tarde noche en La Torre del Baró .

Por el poema "otro azul en los ojos", me concedieron el segundo premio.  

 

 OTRO AZUL EN LOS OJOS 

(elegía frente al Mediterráneo)

 

A la memoria de mis padres

                                      

Con la memoria triste de los sueños,

de los toros de fuego crepitando

en el confín lunado de la noche

donde el azul del hielo deja dardos

olvidados, el mar en la mirada

y un dolor desclavado en cada mano,

camino por la vida no vivida,

por el tiempo febril  y amortajado

perdido para siempre en el rastrojo

que poblara la mies algún verano,

y me duelen los muertos en la nube

que cruza por la frente y en los barcos

que mata el horizonte cada tarde,

los muertos nunca vistos sin embargo.

Y me duelen los muertos más queridos

con el dolor más grande y más callado

mientras, terriblemente solo, cuento

las arrugas baldías de mis años

vencidos frente al mar donde cordura

la derrota le diera al loco hidalgo.

 

Los ojos de mil novecientos dos,

los ojos de mi padre, con sus ramos

colgando en los aleros de la luna,

en el vuelo a mis ojos iniciaron

de gavilán tan alto como estrellas

y vencejo entre luces siempre bajo.

Sus manos atezadas por mil soles

pusieron en las mías el letargo

de simiente que el surco recibía

como pecho de tierra abierto y cálido,

la duda de la hoz, el hacha firme,

la promesa curvada del arado,

los frutos ya maduros y aquel mosto

que mi boca libara -vino falso

para el niño que en hombre clareaba-,

la conciencia de ser viento en el campo.

Los ojos de mi madre eran tan sólo

dos candiles a veces apagados

huyendo de la noche y de las lágrimas

impregnadas de aceite requemado,

barriendo las migajas de los días

en un oscuro vuelo de sagrarios.

Con caricia de nieve se posaban

en la leña, el puchero, los armarios,

en las cosas de casa cotidianas,

las desoladas aves de sus manos...

 

La vida tiene trenes y distancias,

carreteras y mares, polvo blanco

que borra los caminos y los sueños,

hambres, montes con nieve, un pan extraño

que a fuerza de besarlo y de comerlo

se transforma un buen día en cotidiano.

Tiene adioses y lágrimas, encuentros

y nuevas despedidas, un aciago

sabor que se va haciendo con las horas

amargo, y más amargo, y más amargo...

Y tiene este penar, esta certeza

de tomar el camino equivocado.

Y dolor sin palabras que lo escupan.

Y pesar por perder lo más cercano.

Y unos ojos dejando para siempre

aquel mirar tan claro y castellano.

¡Ay, los amargos ojos de mis padres

buscando temblorosos los ribazos

del Duero ante la muerte! ¡Qué caudal

extraño recogía sal de llanto,

qué río hacia esta mar donde zozobra

aquel cielo perdido y provinciano!

Dejaron en mis ojos el vacío

que dejan en la mar tantos naufragios.

 

Con la memoria triste de los sueños

ahogados en el fondo de los vasos,

voy mirando las aguas. A mi espalda

los versos no nacidos son compacto

resumen de mi vida. Son mis ojos,

con otro azul ahora, un pozo amargo,

mis manos sin sus manos no son nada,

tristes aspas sin viento son mis brazos

y quieren ser olvido sordas huellas

que graban en la arena pies descalzos.

I ANTOLOGÍA DE NARRATIVA CORTA LVDLPEI 2009

Tras muchos problemas y vicisitudes, ha visto la luz esta antología en la que participo como ganador  del certamen realizado en su día. Aún no ha llegado a mis manos el ejemplar que me corresponde, pero ya está a la venta. Dejo el enlace a la revista Hispanorama Literario por si alguien quiere solicitar el libro o hechar una ojeada a la revista. 

Relación de los TREINTA AUTORES de la ANTOLOGÍA DE NARRATIVA CORTA

HISPANOAMERICANA LVDLPEI 20009:

 

JESÚS ANDRÉS PICO REBOLLO - EL MERCADER

GUSTAVO CRESTA - ESTA LLUVIA MANSA

JUAN CARLOS RIVERA QUINTANA - VISITACIÓN OLAY!... SIN PECADO CONCEBIDA

EDDA OTTONIERI - EN EL TEMPLO MILENARIO DE HACHEPSUT

ALEJANDRO FÉLIX RAIMUNDO - CRISTO RESUCITADO

MARIO FROILAN REYES BECERRA - VIVENCIA LEJANA DE LA CALLE BRUMPTON

FRANCISCO VARGAS FERNÁNDEZ - EL PLACER DEL SILENCIO

MICHAELANGELO BARNEZ - EL ÓMNIBUS

CÉSAR GASTÓN INSAURRALDE - ÉRASE LA MUERTE DE UNA LINEALIDAD

MARCELA VANMARK - ESENCIA DE MUJER

ELOÍSA ECHEVERRÍA - FANTASMA LIMPIANDO

ROSA LÍA CUELLO - FILOSOFÍA PARA GATOS

ALEJO URDANETA - FOLLAJE INMENSO DE RUMORES

IMANOL CANEYADA PASCUAL - IS SO GOOD

BEATRIZ ALICIA DURÁN - LLUVIA

CARLOS LÓPEZ DZUR - MEMORIA DEL ULTRAJE DE FLORIS

EVA ISABEL RUIZ BARRIOS - MÍRALE LOS OJOS

RUDY ALFONZO GÓMEZ R. - NUEVOS CAMINOS

JAVIER LUQUE - OCTUBRE, UN CRUEL ABRIL

ANTONIO TREJO - PARADOR CARRETERO

ANDREA YUNGBLUT - PENÉLOPE

CARMEN BERENICE BETANCOURT - RECOSTADA DESDE AQUÍ

OBED GONZÁLEZ M. - RECUÉRDAME FRENTE A LA PROFUNDIDAD DE UN MAR VOLCADO

DOLORES ESPINOSA MÁRQUEZ - SEGISMUNDO

ÁUREA LUCRECIA LÓPEZ QUILES - SETAS AMARILLAS

DELIA CRISTINA CHENA HERNÁNDEZ - TORCUATA Y MATILDE

RICARDO CAMPOS RUELAS - UN POCO DE AMOR

MIGUEL ÁNGEL AGUILAR - VIENTOS DE ARENA

RICARDO ARREGUI GNAUTIK - LOS OFICIOS. EL OFICIO

Mª ELENA SOLÓRZANO - GIRASOLES DE PAPEL

SEQUÍA (tengo un poco abandonado el blog, pero no es por eso...)

 

Acabadas las vacaciones, que este año han llegado ligeramente adelantadas, retomo este espacio con la intención de escribir con más asiduidad de la que hasta ahora vengo haciéndolo, aunque tal vez no sea este momento del año el más adecuado, con los posibles lectores disfrutando de su anual descanso y alejados por tanto del tráfago de la red.

Para abrir boca reproduzco mi relato "Sequía", extraído del libro inédito "En los nidos de antaño" y que ha obtenido un accésit en el "VII Certamen de Relato Breve la lectora impaciente, 2010"

 

ACCÉSIT

 

Sequía

 

 

Jesús Andrés Pico Rebollo

Sabadell (Barcelona) - España

Cada uno se rasca donde le pica. Y a mí me pican las liendres desde mi madre, que a ella también le picaban, y mucho. Y no es ninguna deshonra, que si unos nacemos con piojos, otros nacen con peores males y ni se rascan. Y cállate de una vez, porque empiezas tocándome los piojos y cualquiera sabe dónde vas a parar. Que por una chispa comienza el fuego y todo lo que eches después arde que se las pela. Y no estamos para apagar fuegos, que el río baja muy seco este año. ¿Recuerdas el año aquel que se juntó con el canal? Mira que es alto el puente y el agua llegó a rebasarlo. ¡Cómo bajaban las aguas, arrastrado todo lo que encontraban a su paso! Pero el jodido aguantó, como puente viejo que es, las embestidas del agua, los troncos y toda la porquería que venía por el cauce.  Año de nieves, año de bienes, dicen. Aquí nieva muy raras veces, pero la lluvia bien que se agradece, no tanta como entonces que se le fue la mano a Dios, pero sí la justa y, sobre todo, cuando es menester, aunque sabido es que nunca llueve a gusto de todos. ¿Y qué pasa cuando no llueve ni a tiros? Pues que tú me culpas a mí y te metes con que si me rasco o me dejo de rascar.

Pero vamos a ver, mujer, qué culpa tengo yo de que se nos vayan amontonando desgracias sobre desgracias, como se acumula ramerujo en el pinar que ya no limpia nadie y cualquier día va a arder con sólo pisarlo de seco que está. ¿Soy acaso responsable de que la vida siga su curso como un río revuelto lleno de pozas y remolinos? Se nos murió el cerdo,  ¿y qué? Me quedé sin trabajo, ¿y qué? Se nos fueron los hijos, ¿y qué? ¿Nos hemos muerto de hambre? ¿Te ha llegado a faltar algo que sea realmente necesario para vivir? A los hijos si que se los hecha de menos, pesa la soledad y la casa vacía, pero nos tenemos el uno al otro, ¿o no? Y algún día vendrán a visitarnos, digo yo, que cada vez las distancias son más cortas. Y ellos mejor están viviendo su vida, lejos, sí, pero felices. Al menos eso dicen en sus cada vez más breves cartas, ralas de contenido y espaciadas en el tiempo: que no nos preocupemos por ellos, que viven felices.

Sigues en tus trece. Dale que te pego con echarme la culpa de todos los males acumulados, incluso de la sequía, de esta canícula eterna que lo está agostando todo. Pero la vida es así y no hay vuelta de hoja. Cuando el verano viene seco, pues viene seco y san se acabó. Nosotros no tenemos cosechas que perder porque ya las hemos perdido todas. No tenemos que preocuparnos por los hijos, que ya lo hicimos cuando fue menester. No tenemos más que seguir aguantando como hasta ahora, que todo tiene arreglo en esta vida. ¿O no? ¿Por qué callas?  ¿Qué gato negro te ha comido la lengua de repente? ¿Quieres que me vuelva para que puedas murmurar a gusto a mis espaldas? Di algo, insúltame, échame la culpa de todo como siempre. No te quedes callada como una muerta silenciosa y triste.

¿No tienes sed? Yo tengo seca la boca, secos los ojos, seco el corazón. Y no es sólo por el sol que ahí fuera está cayendo a plomo, que va secando los pozos y empequeñeciendo el río, que asola los campos y hace crepitar hasta el polvo de los caminos. No, no es este largo agosto que padecemos el que ha quemado mi interior. Yo también tuve sueños, ¿sabes? Y esperanzas. Pero acepté la vida como vino. Y no me quejo. Que cada cual tiene su sino y en eso no somos distintos de los perros, las mulas o los cerdos. Vivimos como podemos, como nos dejan, aguantando carros y carretas, para morir después. Y si lo aceptas, eso que tienes ganado. Y no hay que darle vueltas, no hay que pensar porque el pensar nos hace desgraciados. Protestar sí. Y cagarnos en la madre que lo parió a todo, porque hay que echar los demonios fuera para seguir viviendo sin reventar en un recodo del camino.

Si, si, tienes razón soy un grajo, un pájaro maldito y agorero que ha traído la desgracia a esta casa. Soy culpable de todos nuestros males, de no poder traer y llevar las nubes a nuestro antojo y evitar así la helada negra y la sequía. Culpable de vivir ya sin esperanza bajo este sol abrasador que nos está resecando hasta el alma, de no haberte sabido dar todo lo que mereces, de haberte engañado alguna vez, de no lavarme lo suficiente y dejar que las chinches aniden en mi pelo. ¿Qué más quieres, di, qué más culpas quieres que cargue a mis espaldas?

Te callas, ¿eh? Así está mejor, porque no creas, que aunque uno a veces siente la tentación de tirarlo todo por la borda, si lo piensas bien siempre queda un poso de esperanza, una nube perdida en el infinito azul, que puede ser, a la postre, avanzadilla de gruesos nubarrones de lluvia y de tormenta. Ahora que estás tan callada y tan quieta, podría hacerte algunas confesiones, contarte..., pero no lo creerías, y a fin de cuentas a ti qué te importa ya.

Lo que pasa, mujer, es que nosotros hemos vivido siempre en una sequía continua, peor que ésta que padecemos ahora. Nacimos en ella y en ella nos estamos muriendo por mucho que nos obstinemos en ahondar nuestras raíces buscando un agua que ya no existe. Y es bueno que los hijos se vayan en busca de otras tierras donde llueva o, al menos el agua no sea cuestión de vida o muerte como aquí donde todo se está agostando, las gentes y los campos, y tú y yo sabemos lo que es vivir oliendo siempre a sudor, y a polvo, y a sequía, y no queremos que nuestra historia se repita en ellos como en nosotros se repitió la de nuestros padres. Nosotros no tuvimos la oportunidad de irnos, ni de pensarlo siquiera, pero ahora los tiempos han cambiado y no puede haber nada peor que este denodado luchar contra el sol mientras nos vamos quemando, secando día tras día. Y es así, y la vida es así, y es cierto que no servimos para nada, pero yo no tengo la culpa de que esto pase, de que el tiempo siga, y la sequía siga, y tú te hayas quedado ahí, inmóvil para siempre, y el médico se haya ido de vacaciones para poder lavarse, y el cura esté durmiendo la siesta y no se le pueda molestar con este calor, y de que te estemos velando tan sólo las moscas y yo, que, al fin y al cabo, es todo lo que tienes. Y, al menos, tienes algo más que yo: que, y eso que ganas, se te ha quitado para siempre la sed.

Mínima contribución al centenario de Miguel Hernández

 

 Videopoema publicado en la edición impresa de La Vanguardia, el 27-05-2010

 

CIEN AÑOS

 

Cien años han pasado, Miguel, cien años

desde  que abrieras los ojos

para que nadie te los cerrara.

Y se hizo el barro carne para llamarse pena, y sangre, y cárcel,

para dolor llamarse.

Sobre el palomar del odio,

compañero del alma, compañero,

 para ofrecer  tu amor, para ofrendarte, poeta nos naciste.